Clicks14
jamacor

El llanto de un bebé, el ruido más insoportable del mundo

El llanto de un bebé, el ruido más insoportable del mundo

Juanjo Romero, el 23.01.21 a las 9:13 PM

Hace unos años un grupo de investigadores liderados por Rosemarie Sokol Chang y Nicholas Thompson, sometieron a personas a pruebas matemáticas, mientras eran sorprendidos con ruidos como conversaciones, golpes, estruendos y llantos de bebés.

Los resultados fueron publicados en The Journal of Social, Evolutionary and Cultural Psychology. Concluyeron que el hombre es capaz de soportar de mejor forma el paso de un avión en vuelo rasante o el golpeteo de un martillo neumático, que el de los balbuceos, los gritos y, sobre todo, el llanto de los niños, que los hacían cometer más errores a los participantes de la investigación.

Los investigadores apuntan a una ventaja evolutiva, «nuestra especie ha sido diseñada para que no solo sea la madre quien cuide a las crías; por eso todos respondemos a su llanto».

Pensaba que menuda pérdida de tiempo de estudio, es parte de la experiencia común de la maternidad, la paternidad, la fraternidad e incluso de la vecindad. Tengo varios hijos y sueño profundo, doy fe. He buscado pero no encontré lo que me interesaba: cuándo ese llanto deja de ser tan «perturbador», cuándo se pierde ese tono o frecuencia que le hace tan especial.

Me hizo especial gracia la comparativa con un «martillo neumático». Me recordaba al Señor dormido en la barca en medio de una tremenda tormenta (Mt 8, 25). «Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’» Desconozco si recurrieron a las manos o recuperaron repentinamente el timbre capaz de despertarLe. Siempre he imaginado lo segundo.

Porque a veces puede ser eso lo que nos falta en nuestra oración, el tono o las disposiciones. Un dicho castellano antiguo dice «quieres aprender a orar, échate al mar». ¿Rezamos así?

Creo que ya nadie pone en duda que los momentos que estamos viviendo son «tremendos», y que «la barca» zozobra. Solo un malvado o un descerebrado puede ahora hablar de primaveras, efectos, liderazgos o como quieran decirlo. Y sin embargo Jesús no deja de insistirnos en que oremos. Ya conocemos el resto del relato evangélico.

Lo que está por venir, en la Iglesia y en Mundo, humanamente, no pinta nada bien. Os puedo asegurar que las noticias que recibimos muchos días son para tirar la toalla. Quizá la primera reacción sea, equivocadamente, la de ‘algo tengo que hacer, algo tengo que decir‘. De ahí la esterilidad y, en bastantes casos, la falta de caridad y visión sobrenatural en hechos y dichos. Sinceramente, no creo que «podamos hacer nada», lo que es muy esperanzador.

Me gusta recordar lo que Benedicto XVI comentaba en su catequesis sobre la oración en los Hechos, sobre la actitud de los apóstoles esperando «Pentecostés»:

[…] notemos una actitud básica importante: ante el peligro, la dificultad, la amenaza, la primera comunidad cristiana no trata de hacer un análisis sobre cómo reaccionar, encontrar estrategias de cómo defenderse a sí mismos, o qué medidas tomar, sino que ante la prueba empiezan a rezar, se ponen en contacto con Dios.

Si uno piensa aun así, «que sí, de acuerdo, pero, ¿y después qué hacemos?», es que todavía necesita pegarse más al Señor. Recuperar el ‘timbre’ de nuestra oración para que sea eso: oración. Supongo que si no se tiene, empezar por pedirseLo, ya es un buen comienzo.

El resto lo hará el Señor. Con los instrumentos que sean, que seamos y dejemos. Porque de esta no «Salimos más fuertes», pero saldremos más santos con la gracia de Dios. El resto es un poco secundario. A rezar como un bebé se ha dicho.

Categorías : General