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Cibercalifato, violaciones, «persecución educada», Covid-19: los nuevos rostros de la persecución religiosa

Cibercalifato, violaciones, «persecución educada», Covid-19: los nuevos rostros de la persecución religiosa

Jorge Soley, el 21.04.21 a las 3:58 PM

Cada dos años Ayuda a la Iglesia Necesitada publica su Informe Libertad religiosa en el mundo. Hace tiempo que lo sigo y con cada nueva edición me reafirmo en que es una iniciativa muy necesaria e importante. Por eso, para empezar, mi enhorabuena a AIN por continuar denunciando los ataques a la religión en todo el mundo.

Lo sabemos porque hay, por desgracia, un sinfín de noticias, aisladas, que nos lo confirman: las persecuciones religiosas son cada vez más frecuentes. Pero esto no quita que una visión de conjunto ayuda mucho a darse cuenta de la dimensión real del problema. Y además descubrimos situaciones que desconocíamos o a las que solamente habíamos tendido superficialmente. Lo dicho: valiosísimo.

Algunos de los elementos destacados en el Informe tienen ya un largo historial. En especial la amenaza que supone el Islam y el yihadismo para la práctica de otra religión. De los 26 países en los que la persecución ha empeorado, en 21 esa tendencia es de tipo islamista (el resto son los comunistas China y Corea del Norte, el hinduismo en la India y el budismo en Sri Lanka y Myanmar) Son abrumadoramente los cristianos quienes tienen que sufrir este tipo de persecución.

En los últimos dos años, señala el Informe, hemos visto la siguiente evolución:

«Las redes yihadistas transnacionales que se están extendiendo por la línea del ecuador aspiran a convertirse en «califatos» trans-continentales».

Un «cíber-califato», que se extiende a nivel mundial, constituye actualmente en Occidente una herramienta consolidada de reclutamiento y radicalización en redes.

Yihadismo, pues, especialmente activo en África pero también en nuestra casa.

Tampoco es nueva la persecución a manos de hinduistas y budistas. Destaca el Informe que:

«Movimientos de nacionalismo religioso de la corriente mayoritaria, manipulados por Gobiernos y líderes religiosos cooptados, llevan al incremento de la supremacía étnico-religiosa en los países de mayoría hindú y budista de Asia».

¿Alguna novedad? Algunas, en efecto, y bastante preocupantes.

En primer lugar, nuevos y terribles modos de actuar por parte de los yihadistas:

«Violencia sexual utilizada como arma contra las minorías religiosas. En un número cada vez mayor de países se han registrado delitos contra niñas y mujeres secuestradas, violadas y obligadas a cambiar de fe en conversiones forzosas. Una serie de cuestiones acerca del incremento del número de violaciones de este tipo, que con frecuencia se cometen con total impunidad, alimentan la preocupación de que se trate de una estrategia fundamentalista dirigida a acelerar la desaparición a largo plazo de determinados grupos religiosos».

Después, la ofensiva contra la libertad religiosa desplegada por el régimen chino, sin descartar la brutalidad pero utilizando medios muy sofisticados:

«Tecnologías de vigilancia represiva cada vez más utilizadas contra grupos religiosos. 626 millones de cámaras de vigilancia mejoradas con inteligencia artificial, escáneres de teléfonos inteligentes en puntos clave de control de peatones, con referencias cruzadas por plataformas analíticas, junto a un sistema social de crédito, garantizarán que representantes y fieles religiosos se adhieran a los decretos del Partido Comunista Chino».

Y cómo no, la persecución de los musulmanes uigures (y de los rohinyás), en esta ocasión sin refinamientos, al estilo clásico y brutal:

«30,4 millones de musulmanes de China y Myanmar (entre ellos los uigures y los rohinyás) afrontan una grave persecución, mientras la comunidad internacional solo ha empezado a aplicar las leyes internacionales para detenerla».

Por último, quiero destacar tres novedades que nos afectan muy directamente:

Lo que el Informe llama «Persecución educada». Ellos mismos explican el término:

«El término refleja el surgimiento de nuevos «derechos» o normas culturales, que, según el papa Francisco, reducen las religiones «al silencio y la oscuridad de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas». Estas nuevas normas culturales, consagradas en la ley, llevan a que los derechos de libertad de conciencia y religión del individuo entren en profundo conflicto con la obligación legal de cooperar con esas leyes».

La aparición de ataques a la Iglesia en lugares donde hasta ahora no sucedían, como es el caso de Chile, donde fueron saqueadas e incendiadas varias iglesias:

«Aunque las autoridades chilenas condenaron los actos, no se ha abierto una investigación oficial completa, a pesar de las peticiones de la Iglesia para que se investigue (en algunos casos se sabe quiénes fueron los autores)».

Y por último el omnipresente Covid-19, utilizado como excusa para restringir la libertad de los creyentes:

«China, por ejemplo, aprovechó la pandemia para cerrar los sitios web que transmiten servicios religiosos

Se han producido sin duda casos de abuso y ataques a la libertad religiosa, debido en parte a la desproporcionalidad de las restricciones impuestas a las actividades religiosas frente a las económicas, así como a la agresividad de las fuerzas del orden ante infracciones relacionadas con las prácticas religiosas».

Un primer paso para luchar contra tanta injusticia y persecución es no callar, explicar, difundir. El Informe Libertad religiosa en el mundo es una inmejorable herramienta en esta tarea. Colaborar con Ayuda a la Iglesia Necesitada es otra.

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