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Sugerencias y revisión (como un fruto bueno desde Domingo de la Palabra de Dios)

Sugerencias y revisión (como un fruto bueno desde Domingo de la Palabra de Dios)

Javier Sánchez Martínez, el 23.01.20 a las 12:14 PM

O SEA, SUGERENCIAS PARA CELEBRAR MEJOR LA MESA DE LA PALABRA

A la luz de lo ya visto, por el valor que tiene la Palabra de Dios proclamada en la liturgia, podríamos mejorar la forma de celebrarla ajustándonos más a la Ordenación del Leccionario de la Misa y a la IGMR.

Son sugerencias y recordatorios que podrían constituir un buen fruto de este primer domingo de la Palabra de Dios en la vida litúrgica de nuestra diócesis.

Preparar buenos lectores en las parroquias ya que no es un ministerio cualquiera ni todos saben leer y vocalizar en público. ¡Es un gran ministerio y hemos de ser cuidadosos con quién sube al ambón a desempeñarlo!

Cuidar el ambón (elevado, fijo, en consonancia de diseño y materiales con el altar) y revestirlo con paños del color litúrgico del tiempo en vez de un facistol o atril móvil, que fue provisional en su momento, y se ha hecho duradero. Tal vez sea el momento de construir un ambón de verdad.

Evitar que el ambón se use para todo (moniciones, avisos, rezar o dirigir devociones como el santo rosario, ensayo de cantos, pregones y exaltaciones poéticas, etc.) y reservarlo para las lecturas y el Evangelio.

La homilía realizarla en su lugar más propio que es la sede, de pie o sentado.

Las preces de la oración universal (así como moniciones y avisos) mejor se dirigirán en un atril auxiliar, discreto, sin paños ni adornos, en vez de emplear el ambón o, en todo caso, realizarlo al pie del ambón, en sus gradas.

No sustituir las lecturas bíblicas por textos no bíblicos, bajo ningún concepto, tampoco en las bodas o exequias.

Cantar los domingos el saludo al Evangelio, su enunciado y la aclamación final. Hay que normalizar el canto de las partes propias del sacerdote en la Misa dominical: saludos, oración colecta, prefacio, doxología… así como la lectura del santo Evangelio. El canto no es sólo del coro, también es de los ministros ordenados en aquello que le es propio.

La procesión con cirios e incienso para el Evangelio realizarla al menos en la Misa mayor los siete domingos de Pascua así como en las solemnidades del año litúrgico.

Cantar el salmo responsorial con la ayuda de “El libro del salmista” o, cantar al menos la respuesta. Es un reto y tarea de los coros parroquiales y corales para uno de los cantos más importantes de la Misa, junto con el Sanctus. Lo normal es cantarlo, y lo excepcional es leerlo (y no al

revés, como a veces se cree).

Respetar el canto del Aleluya (Aleluya repetido por todos, versículo y luego volver a repetir el Aleluya) sin sustituirlo por ningún otro canto. En Cuaresma, una aclamación en lugar del Aleluya.

Empezar a dejar un silencio meditativo después de la homilía, sentándose el sacerdote en la sede, y no enlazar atropelladamente la homilía con el Credo.

Emplear ambas fórmulas del Credo (no una sola exclusivamente): el Credo niceno-apostólico habitualmente, y el Símbolo de los Apóstoles (comúnmente llamado el Credo breve) los domingos de Cuaresma y Pascua. Por supuesto, nunca, por abreviar, usar el Credo en forma de preguntas-respuestas (sólo se utiliza en la Vigilia pascual y en Misas en que se administre el bautismo).

Encomendar a un solo lector leer las intenciones de la oración universal, evitando distracciones, movimiento y mala audición (el micrófono a la altura de cada lector, etc…)

Solemnizar la oración universal, al menos los domingos de los tiempos fuertes, cantando la respuesta orante: “Señor, ten piedad”, “Kyrie eleison”, “Te rogamos, óyenos”, “Señor, escucha y ten piedad”… Hay varias fórmulas musicalizadas tanto en el libro “La oración de los fieles” del Sdo. Nacional de Liturgia como en el Cantoral Litúrgico Nacional (del mismo Secretariado).

Categorías : Liturgia general