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Astrónomo del Espíritu

Por The Catholic Thing | 21 abril, 2021

Por Robert Royal

Durante la histórica visita de Juan Pablo II a Cuba en 1998, me encontraba almorzando en un paladar de La Habana con varios estadounidenses y latinoamericanos. Lorenzo Albacete, un sacerdote de Puerto Rico, célebre en Estados Unidos por su brillantez -y excentricidades- estaba entre nosotros. Charlie Rangel, un grande, un congresista de más de 30 años de Nueva York, entró y empezó a darnos palmadas en la espalda – «¡Hola, amigos!» – como si estuviera en su casa, haciendo un pregón. Pero se detuvo, y en un hermoso neoyorquino, dijo: «¡Oye Lorenzo, anoche estuve con Fidel durante dos horas y lo único de lo que él quería hablar (señalándolo) era de ti!»

Albacete acababa de escribir un notable artículo en el New York Times Magazine, en el que explicaba la influencia mundial tanto de Castro como de JPII, y las grandes diferencias morales entre ambos. Como todos los narcisistas terminales, Fidel disfrutó de la visibilidad, aunque el retrato fuera, como mínimo, no del todo halagador.

Albacete comenzó su vida adulta como astrofísico, haciendo investigación aeroespacial gubernamental, antes de sentirse llamado al sacerdocio. Enseñó en varios lugares, incluso fue brevemente presidente de la Universidad Católica de Puerto Rico. Escribió un par de libros, entre los que destaca Dios en el Ritz: La atracción del infinito. Lo reseñé cuando salió (aquí) y veo ahora que dije: «El tema constante de Albacete no es que los deseos mundanos (…) están desplazando a los principios religiosos, aunque eso ocurre en todas las épocas. Su argumento mucho más interesante es que el deseo moderno no es lo suficientemente apasionado.» Nos contentamos con búsquedas insignificantes -riqueza, poder, influencia- cuando tanto la ciencia como la religión ponen ante nosotros un cosmos lleno de maravillas.

Pero lo que más asombra es oírle hablar, lo que hizo con gran efecto, y no sólo a los católicos, sino a una extraña colección de periodistas liberales, intelectuales, magnates de la televisión, etc. El cardenal de Boston, Sean O’Malley, acertó de lleno: «Graham Greene, Evelyn Waugh y García Márquez juntos no tuvieron suficiente imaginación y genio para inventar al padre Lorenzo Albacete Cintrón».

Ya se intuía en la pirotecnia de Dios en el Ritz. Pero ahora, gracias al trabajo de Gregory Wolfe y Lisa Lickona, también en una colección de sus ensayos: The Relevance of the Stars: Christ, Culture, and Destiny. (Por cierto, Wolfe ha creado un nuevo sello editorial, Slant Books, una importante apuesta editorial destinada a explorar el cristianismo y la cultura contemporánea).

Como sugiere el título, Albacete aborda tanto la ciencia moderna como la teología actual, pero también los límites de los ejercicios puramente intelectuales, por importantes que sean. Fueron las amistades -con Karol Wojtyla, antes de su papado, y Luigi Giussani, fundador del movimiento de renovación Comunión y Liberación- las que le ayudaron a darse cuenta de la importancia aún mayor de las relaciones con las personas, en particular con Jesús.

El capítulo inicial nos lleva al corazón de muchas confusiones modernas. De una manera extraña, que nos hace recordar nada menos que a Dante, Albacete se pregunta -como lo hizo Giussani antes que él- qué tienen que ver «con las estrellas» muchas de las cosas en las que nos involucramos. Con ello quiere decir algo grande y trascendente, algo «distinto» y más allá de nosotros.

Giussani le planteó esa pregunta a Albacete y la elección que le exigía le enfadó inicialmente hasta que descubrió que: «este camino conducía al asombro y por otras razones incluía el corazón, los deseos del corazón. La decisión de probarlo fue una decisión costosa, pero fue una decisión que tomé voluntariamente. ¿Por qué? ¿Porque soy muy santo? No, porque lo que está en juego es mi culo. El futuro de mi culo».

Sólo Albacete podría haberlo dicho -de forma contundente, creíble- así.

Pone el dedo en la llaga que nos impide a la mayoría «ver» esas cosas. Pero es un poco diferente -y perspicaz- de lo que cabría esperar. Nos quejamos mucho hoy en día de que gran parte de la vida pública se basa en la «emoción» pura y fugaz. Y tenemos razón. Pero el problema opuesto es una racionalidad muerta, a veces incluso en la teología.

Así que propone una forma diferente de considerar la razón y la emoción:

En la búsqueda de una base ética en el mundo que nos ayude a domar el poder y a guiarnos de manera que no sea destructiva para nuestra humanidad, la Iglesia propone esta ampliación de la razón, y esto implica necesariamente la cuestión de la afectividad. Inmediatamente nos encontramos con un problema. En el momento cultural que vivimos, la afectividad se ha desprendido de la razón. Nuestra experiencia de «cuidar» -nuestra experiencia de sentido, de valor, de finalidad, de lo que da inteligibilidad a la vida y hace que la vida valga la pena, el sentido del destino, lo que me mueve- esa realidad se ha separado de la razón. Y así, en la cultura contemporánea, descubro dos posibilidades distintas. Una es la exigencia de la inteligencia pura, no afectiva, y la otra el tirón de la afectividad pura, no razonable. En ambos casos, la libertad desaparece. Tenemos primero lo que Juan Pablo II llamó «la tiranía de la inteligencia» y luego la tiranía de las emociones.

Y esto es sólo lo que Albacete denomina «punto de partida». Cosas como éstas llevaron a «Comunión y Liberación» a convertirlo en uno de sus líderes en este país.

En otro capítulo, relata cómo llegó a conciliar la física y la fe. Sus colegas de laboratorio le preguntaban: «¿Cómo podía seguir la investigación científica de la vida con aparente interés y dedicación y al mismo tiempo creer que un hombre que estaba muerto salía de la tumba dos días y medio después?».

Pero esto falsea la realidad. La creencia cristiana permite la verdad científica – y otras verdades igualmente reales: «Los cristianos no estamos aquí para mostrar un genio específicamente católico o para entablar una batalla. Estamos aquí para dar testimonio de nuestra fe, sí, pero también para vivir realmente con la confianza que nos da esa misma fe, para comprender lo real, lo que se ve, lo que se vive. Este es el único camino».

Albacete nos dejó demasiado pronto y con muy poco publicado. Por eso esta colección es una joya excepcional.

Acerca del autor:

El Dr. Robert Royal es editor en jefe de The Catholic Thing, presidente del Faith & Reason Institute en Washington, D.C., y actualmente ocupa la cátedra visitante St. John Henry Newman de Estudios Católicos en el Thomas More College. Sus libros más recientes son Columbus and the Crisis of the West y A Deeper Vision: The Catholic Intellectual Tradition in the Twentieth Century.