Clicks5
alfre1240

«Jesús es siervo… y nosotros, ¿acaso queremos ser ‘mandones’?»

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo A

Textos del Domingo 2 del Tiempo Ordinario:
Isaías 49, 3.5-6; 1 Co 1, 1-3; Juan 1, 29-34.

Idea principal
: Ese Dios que vino al mundo es Siervo.

Resumen del mensaje: Ese Hijo de Dios, Jesús, después de su vida oculta y humilde en Belén y Nazaret, sale feliz y radiante a su vida pública a los treinta años con su carnet de identidad: es Siervo. Su huella dactilar está bien clara y legible: “Vine para servir, no para ser servido”.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, Jesús es siervo para servir, primero, a su Padre celestial, glorificándole y cumpliendo incansablemente la misión de ser luz y poder reunir a su pueblo y traer de vuelta a Dios a los supervivientes (primera lectura). Este siervo experimentará cansancio, es verdad, pero nunca será en vano. Y aunque los resultados de su servicio no corresponden a las expectativas y esfuerzos, Él se encuentra en paz, porque trabajó para dar gloria a su Padre y la recompensa le vendrá de Él. En el servir a su Padre celestial esta su agrado y deleite.

En segundo lugar, Jesús es siervo para servir también a la humanidad, a cada hombre y mujer. Para cumplir su misión de siervo se reviste de entrañas de Cordero que se dejará inmolar y sacrificar para quitarnos el pecado (evangelio) y darnos el Espíritu de santidad. Este título de Cordero incluye los siguientes rasgos: Cordero vencedor, Cordero expiatorio, Cordero pascual liberador. A Jesús en la cruz, igual que al cordero pascual, no le quebrarán ningún hueso. ¿Cómo quita Jesús el pecado de la humanidad? Asumiendo la condición humana de siervo y ofreciéndose desde la cruz, en ofrenda voluntad y servicio de amor. Desde la cruz nos da el Espíritu Santo que purifica y perdona todos nuestros pecados. Nos sirve con amor y desprendimiento, sin buscar compensaciones, sin ser un “mandón” que esclaviza y humilla.

Finalmente, todo seguidor de Cristo tiene que vivir esta dimensión de siervo en todas partes y con todos: con Dios, en la familia, en el trabajo, en las comunidades. Servir a Dios con una vida santa (segunda lectura). Servir a la familia con una vida de entrega, sacrificio y ejemplo para los hijos. Servir en el trabajo con una vida honesta y coherente. Servir en las comunidades mediante la disponibilidad desinteresada en los diversos apostolados que surjan, sin buscar puestos de honor ni querer ser un “mandón” soberbio y altanero.

Para reflexionar: ¿Tengo manos, corazón y pies de servidor o de mandón? ¿Domino o sirvo? ¿Sirvo con amor o a regañadientes?

Para rezar:

Nos has mostrado con tu ejemplo, Señor,
que es posible vivir para los demás.

Tu vida es un espejo fiel donde mirarnos
para descubrir cuánto nos falta cambiar
y cuánto todavía podemos dar a los demás.

Tú saliste a recorrer los caminos
para ir al encuentro del necesitado
y el excluido.

Tú acogiste a los despreciados
y a los que todos marginaban
y dejaban a un costado.

Tú atendiste las necesidades del pueblo,
sanaste sus enfermedades,
les enseñaste a compartir el pan,
y vivir unidos.

Tú ofreciste tu vida
hasta el final, hasta entregarla por amor
y pura donación, para que todos vivamos más y mejor,
y podamos alcanzar la vida verdadera.

Señor del servicio, muéstranos el camino
que lleva a darlo todo por los demás.

Ayúdanos a tener tus mismos sentimientos, preocupaciones y opciones.

Haz que atendamos las necesidades, sufrimientos y esperanzas de nuestro pueblo.

Haznos cercanos y hermanos de todos.

Enséñanos a vivir pensando primero en el otro,

enséñanos a vivir
como verdaderos servidores, dispuestos, generosos,

alegres y fraternos con todos, Señor, con todos.

Amén.