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La Iglesia Católica: el Amor de Dios que sale a nuestro encuentro

La Iglesia Católica: el Amor de Dios que sale a nuestro encuentro.

José Luis Aberasturi, el 25.09.21 a las 7:34 PM

La IGLESIA CATÓLICA. La ÚNICA y VERDADERA Iglesia. “Separada” de todas las demás, como separado está Dios de “los dioses", que no de los HOMBRES. Porque, lo mismo que “los dioses no son Dios", “las iglesias no son LA Iglesia".

Hay la misma distancia entre LA Iglesia y “las iglesias” como la que hay entre Dios y “los diosecillos”. La misma que existe entre la NADA y LO REAL. Entre la VERDAD y la mentira. Entre el ACIERTO y el error. Entre lo que SALVA y lo que no sirve más que para pasar el rato, y cantar un poco si se tercia…

Luego, los “académicos", -los sabios y entendidos-, pueden marear la perdiz todo lo que quieran, y jugar con las palabras y con sus intenciones; podrán acercar “conceptos” y demás… pero no lograrán superar la distancia ontológica y sobrenatural que existe entre la Iglesia Católica y todo lo demás que hay por ahí.

Caso aparte sería el tema de la iglesia ortodoxa. Pero no voy a entrar al tema, pues no me merece la pena. Otros, los que disfrutan con “lo académico", que lo hagan si quieren. Aunque hay mucho escrito ya al respecto.

¿Qué o Quién marca la diferencia? Ni más ni menos que Dios mismo: la Iglesia Católica ha salido de las manos de Dios. En Jesucristo. Y ninguna otra puede apuntarse ese tanto. A lo más, se apuntan bien deprisa a lo de “cristianas": es que ven qué es lo que les da más resultado.

En todas las demás -también respecto a la iglesia ortodoxa, que no deja de ser un “apartarse y salirse” de la Fuente Divina-, siempre hay detrás -o mejor, delante, claro-, un hombre, con toda su filiación: su nombre -y apellidos, si es el caso-, su currículum, su genealogía y parentesco, su proyección y el relato de cómo salió la cosa, con las fechas y las vicisitudes, etc. Todo NORMAL.

Todo eso “no aparece” en la Iglesia Católica. Solo lo hace de un modo “convencional", en la “Persona” de Cristo, Dios y Hombre verdadero, que traspasa a sus Apóstoles, sus legítimos y válidos Sucesores, pues han sido elegidos también por Cristo: como Pedro.

Luego sí, tras “nacer” de Dios -su alumbramiento es DIVINO, única y exclusivamente-, la Iglesia Católica marcará -porque lo dejará bien hondo y mejor trazado-, un SURCO imperecedero. Surco que, desde entonces, ha marcado la Historia del Hombre sobre la tierra, construyendo Ella su propia Historia.

Y ninguna otra puede decir lo mismo. Y, cuando lo pretenden, solo hacen el ridículo más espantoso.

Como ninguna otra ha sido combatida y perseguida con tal saña -a lo largo de su historia es su nota más desatacada y más permanente en el tiempo: también hoy-, tan “a muerte” como la Iglesia Católica. Se le cumple aquello de Jesús, su Fundador: si a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán.

Y ahí estamos; como ahí hemos estado siempre y en todas partes. Hasta en esto -traslado del intento de Herodes por cargarse al Niño: muchos Herodes han querido cargarse a la Iglesia-, que debería haber significado su desaparición casi inmediata y casi desde sus comienzos, se ve un SIGNO de la DIVINIDAD de su Origen, y un certero “certificado de calidad” de su ADN.

¿Cuál es el “por qué” y el “para qué” de la Iglesia Católica?

La Iglesia se sitúa en línea con, siendo esencialmente las mismas, las “diferentes” y “sucesivas” ALIANZAS que establece Dios Padre Todopoderoso con los hombres, sus hijos. En la Persona de Cristo, su Hijo. Dejando al Espíritu Santo la Obra de la Gracia, que se llama SANTIFICACIÓN.

Es el Amor de Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo-, que se vuelca sobre los hombres, inundándolos con su Gracia, en la Persona de su Hijo, al que nos lo entrega. Por esto, la Iglesia Católica es “el lugar” por excelencia del ENCUENTRO del hombre con Dios, al que Este busca con Amor, en Jesucristo, por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dicho en plata: sin la Iglesia Católica -con sus Sacramentos, en especial y, por encima de cualquier otra posibilidad, con la Santa Misa-, el verdadero encuentro con Dios -encuentro de Amor-, sería muy improbable, por lo aventurado; casi imposible, por lo arduo; y siempre en riesgo de escisión, por nuestra naturaleza caída; máxime, sin el concurso de la Gracia.

También aquí, como en todo lo que viene de Dios a nosotros, la INICIATIVA es divina, SIEMPRE: es Él, el que nos ha amado primero. De hecho, nos dirá inequívocamente: No sois vosotros los que me habéis elegido; sino que Soy Yo el que os he elegido, y os he destinado para que vayáis, y deis fruto y vuestro fruto dure.

A san Agustín -por acudir a la Historia de la Iglesia, y a sus agentes más insignes: los Santos-, escribiendo a los Obispos y de los Obispos -y, en su orden, también a/de los Sacerdotes-, ni se le pasaba por la imaginación que un Obispo no transmitiese las Palabras de Cristo, las Palabras de Dios; o que se atreviese a “ir por libre"; mucho menos que “aguase” su lenguaje, o que se atreviese a llevarle ¡al mismo Cristo! la contraria.

Justo, lo que vemos y sufrimos todos los días, a todas horas, en tantas y tantas páginas, supuestamente de Religión Católica, que recogen lo que ha salido de la boca de tantos y tantos Obispos; supuestamente también católicos, por más y únicas señas.

Lo que en el siglo V era inconcebible, hoy es el pan de cada día; y hasta de cada plato. Nos sobran los ejemplos, desgraciadamente. Pero alguno sí voy a poner.

Acudo, primero, a una “anécdota” de estas últimas semanas: hasta el cardenal Kasper, alemán él, está escandalizado de lo que va a salir del Sínodo de la Iglesia (supuestamente Católica) en Alemania, y que lo van a presentar tal cual al Vaticano: y que salga el sol por la “Antequera” tedesca.

Y para que este se escandalice…, ¡cómo estará el patio! Que, por otra parte él conoce bastante bien, pues se lo ha trabajado a modo.

[He puesto “Católica” entre paréntesis porque, sin caer en juicio temerario, ya se puede dudar, de que aún lo sea: da la impresión de que ya ni lo pretende ni lo oculta. Kasper dixit].

En segundo lugar, me remito a lo que se ha publicado y puesto en boca del Obispo Bonnemain, en Suiza. Dice su Eminencia: “No tengo nada contra el hecho de que una mujer se case con otra”. En línea con la discusión y quizá aceptación de “matrimonio para tod@s", que está teniendo lugar en aquel país.

La única “peguita” digna de mención que se le ocurre señalar, es la “salvedad” de que se ‘rebautice’ al matrimonio ‘real’, para que se distinga de “la morralla” de todo el resto [Lo de “morralla” es mío, no del obispo].

Esto, dicho así, y sin más acotaciones que el ‘rebautizar’ al único y real ‘matrimonio” NO ES CATÓLICO, ni de lejos. De cerca, mucho menos: ni pretendiéndolo con fuerza de titanes.

En todo caso, quienes deberían tomar otro nombre son las “realidades-pseudo-matrimoniales-o-así", que son las que quieren “subirse” a ese carro, para detentar ese estatus. Que algo tendrá…

Cosa que nunca entenderé, por la incongruencia que demuestran todos estos rompedores infames: ¿cómo se puede machacar el Matrimonio querido por Dios, y, a la vez y con empeño “tozudico” pretender llamarse igual? ¿Solo por las “perricas” y demás? ¿Quizá para tener la misma DIGNIDAD?

Pero el MATRIMONIO es lo que es, y no puede ser otra cosa: como una VACA es lo que es y no puede ser otra cosa… ni aunque se la ‘rebautice’ con un buen chorro de sidrina. Lo mismo que un perro no puede llamarse “gato", se pongan como se pongan las ministras del ramo.

¿Se puede, por tanto, admitir que se llamen igual las realidades distintas, teniendo en cuenta además sus retorcidas intenciones? Tan retorcidas que, como he dicho, lo que pretenden es cargarse lo que Dios ha creado y entregado a los hombres, con un “recorrido” preciso: Por eso, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre.

Por tanto, ¿no es gravemente INMORAL tal pretensión? Gravedad que asume en conciencia todo el que se coloca a favor…, o de perfil, supuestamente “católico", o “católico a lo Biden".

Concluyendo: dicho así -y dando por sentado que lo haya dicho de este modo, pues así está siendo publicado, y no hay protesta o corrección o desmentido-: esa afirmación NO ES CATÓLICA.

Como tampoco lo es que no tenga nada que decir a dos señoras -o dos tíos: que en esto la igualdad es tal cual-, que “se arrejuntan pseudomaritalmente y por sus pistolas", sean o no católicos. Máxime, si pretenden lo que pretenden, en contra de Dios y de la Iglesia.

Aunque lo diga con gesto de seriedad un Obispo… y siga siendo Obispo. Que él sabrá si lo es, si lo quiere seguir siendo, si lo va a dejar, o si “ya que estamos…".

¡Pero que se le ve que se le han olvidado los Evangelios! Será la edad, que no perdona…

¿Cómo puede uno posicionarse CONTRA la Palabra de Dios: una de las Formas más eminentes de manifestarnos su Amor, en su Iglesia y a través de su Iglesia? Después de la Eucaristía, que es el Hijo que se nos ha dado -Cristo Sacrificio y Sacramento-, su Palabra.

¿Se puede ser Obispo e “ir por libre” -sea en el tema que sea-, contra toda la Doctrina, el Magisterio y la Revelación?

Si un obispo no se da cuenta, para eso están los mecanismos adecuados -o estaban; ahora ya no sé ni si hay mecanismos vigentes, pues está todo “patas arriba"-; y, si se da cuenta, también están -o deberían estar-: y con más necesidad y urgencia que en el primer caso.

No es que estemos rompiendo la Iglesia: esta está ya hecha añicos. De aquí las voces que hablan de “fin de ciclo", sin tapujo alguno. Que la Segunda Venida no es que esté más cerca que ayer: es que está al caer. Porque, tras la Iglesia Católica, ya no hay más sitios a los que ir: ya se han acabado las ciudades de Israel.

Y no hagan caso de la “iglesita a la carta": es puro decorado. No llega ni a placebo.

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