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Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María ("Y el ángel se retiró..." y un pensamiento de Albert Einstein y otro de Chesterton)

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

("Y el ángel se retiró..." y un pensamiento de Albert Einstein y otro de Chesterton)


8 de diciembre de 2006 (homilía retocada en 2015)

Sant Sadurní d'Anoia, Can Rossell, Prov. de Barcelona, Cataluña, España.

Lecturas Bíblicas:

Génesis 3,9-15.20

Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: "¿Dónde estás?" Él contestó: "Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí." El Señor le replicó: "¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?" Adán respondió: "La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí." El Señor dijo a la mujer: "¿Qué es lo que has hecho?" Ella respondió: "La serpiente me engañó, y comí." El Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón."

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo responsorial: 97

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo, / porque ha hecho maravillas: / su diestra le ha dado la victoria, / su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria, / revela a las naciones su justicia: / se acordó de su misericordia y su fidelidad / en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de nuestro Dios. / Aclama al Señor, tierra entera; / gritad, vitoread, tocad. R.

Efesios 1,3-6.11-12

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

Lucas 1,26-38

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo." Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." Y María dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible." María contestó: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y la dejó el ángel.

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Pensamientos para la homilía:

"Y el ángel se retiró".

Esta última frase del Evangelio de la Anunciación, en Lucas, lejos de ser una frase circunstancial, tiene, creo yo, un sentido muy profundo.

Dicen algunos teólogos que Dios manifiesta su grandeza, precisamente en el hecho de que es capaz de crear un ser a su imagen y semejanza, el hombre y la mujer, y "retirarse" para crear un espacio de libertad en torno al ser creado, para que sea verdaderamente libre.

Evidentemente se trata de un "retirarse" hasta cierto punto, ya que si Dios se retirara del todo, volveríamos a la nada, pues, como dice San Pablo: "En Dios nos movemos, vivimos y existimos".

Dios, hasta cierto punto se retira para respetar nuestra libertad de amar o no, de querer vivir con Él o no. Todos conocemos personas inteligentes que viven su vida como si Dios no existiera. Y esto es posible porque Dios lo hace posible intencionadamente. De todos modos, no podemos olvidar que la persona más inteligente que ha existido, Albert Einstein, fue un gran creyente judío. Él expresaba una gran admiración por la mente que intuía detrás de la creación.

Dios, pues, se retira y no entra en el espacio de la libertad humana, a menos que el hombre le dé permiso. En esto consiste precisamente el episodio del Anuncio del Arcángel Gabriel a María. Dios llama tímidamente a la puerta del santuario de la libertad de María, y ésta le abre la puerta. Pero no sin antes hacerle unas cuantas preguntas al ángel. Y es que Dios también respeta nuestra razón.

Nuestra fe es razonable

Nosotros, los cristianos, cuando entramos en la Iglesia -decía el gran pensador cristiano inglés Chesterton- nos quitamos el sombrero, pero no nos sacamos la cabeza. La cabeza la conservamos, y bien puesta, en su lugar. De modo que todo lo que oímos en la Iglesia, ya sea Palabra de Dios (en mayúscula) o palabra de hombres (en minúscula), lo pasamos por el filtro de la razón. Si yo, con mi predicación os quisiera hacer creer en un círculo cuadrado, saldríais todos de la Iglesia.

El dogma de la Inmaculada Concepción también tiene su razonabilidad: Dios quiso que fuera inmaculada aquella que iba a llevar al mundo el Salvador del mundo. La madre de Aquel que iba a salvarnos del pecado, no podía tener nada que ver con el pecado.

Nosotros no somos inmaculados pero estamos llamados a ser santos

Nosotros no somos inmaculados, pero sí que estamos llamados a ser santos. Dios, desde antes de la creación del mundo, nos ha destinado a ser santos e inmaculados en su presencia (por amor), nos ha dicho San Pablo, en la segunda lectura.

A nosotros nos toca luchar toda la vida contra el pecado, pero tenemos a Dios a nuestro favor, así como la constante intercesión de nuestra Madre María, y la de todos los santos. Los santos son aquellas personas que, con la ayuda de Dios, han luchado heroicamente contra el pecado en sus vidas, sin nunca desfallecer, levantándose siempre después de las caídas. Alguien ha dicho que un santo no es aquel que no cae nunca, sino aquel que se levanta muchas veces.

San Agustín vivió una juventud disoluta, esclavo de sus bajas pasiones, dominado por la impureza. Uno de los grandes pecados también de nuestros tiempos modernos, aunque no el peor. El peor siempre será la soberbia, raíz de todos nuestros males: la causa de todas las guerras y de tanta injusticia y tanta muerte en el mundo. Pues bien, San Agustín, explica en Las Confesiones, que una vez ya convertido de su mala vida, le venían a menudo las sugestiones perversas de la impureza que le había dominado, y habla del "terror de la tentación". Pero explica que hay una Palabra de la Escritura que era su "báculo", su roca firme, y que le era fuente de gran consuelo: "Dios no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Con la tentación viene la fuerza para vencerla".

El sacramento de la confesión: fortaleza para los débiles (todos nosotros)

Pero como somos débiles, caemos a menudo. No hay que desanimarse. Por eso tenemos el sacramento de la confesión, que nos rehace y nos cura de nuestras heridas provocadas por nuestro pecado.

Es muy interesante ver cómo ha evolucionado este sacramento a lo largo de los siglos de historia de la Iglesia. En los primeros siglos, en tiempos de San Agustín, por ejemplo, parece ser que los cristianos sólo podían recibir el sacramento de la confesión, con absolución de sus pecados, una vez en la vida, después del bautismo. La idea era que con el bautismo (normalmente recibido en edad adulta, durante los primeros siglos del cristianismo), los pecados habían quedado borrados y el alma se convertía en inmaculada. Había que mantenerse, pues, en este estado de pureza con la ayuda de la gracia de Dios. Pero como, por debilidad humana, el cristiano bautizado volvía a pecar con cierta facilidad, a pesar de todo, se solía retrasar el bautismo hasta poco antes de morir.

Esto cambió rápidamente con la llegada de los bárbaros. Dice, Mn. Ballarin, en un comentario, me parece a mí muy lúcido, que se puede dividir la historia del cristianismo básicamente en dos etapas. Primero habría la etapa de los padres de la Iglesia, durante los primeros siglos, en que el lema sería "pocos y buenos". "Pero", dice él, "menos mal que después vinieron los bárbaros, y la Iglesia fue la Iglesia de los pecadores, que es la más universal". Yo le haría esta pequeña corrección a Mn. Ballarin: “… (con la llegada de los bárbaros) la Iglesia fue la Iglesia de los santos y pecadores, que es la más universal. Pues es lo que somos cada uno de nosotros: santos y pecadores al mismo tiempo.”

Contamos con el pecado pero no pactamos nunca con el pecado

En un retiro de ordenación de diáconos, Mn. Ramón Prat de Lleida, un gran pastoralista, nos hizo esta reflexión: "Si hubiera un botón rojo en nuestra vida, que pulsándolo nos deshiciéramos de esto tan desagradable que es el pecado en nuestra vida, todo el mundo, todos el que estamos aquí, personas que lo que quieren es agradar a Dios y amarle de todo corazón y siempre, todos, sin excepción lo pulsaríamos rápidamente. Pero este botón no existe". "Con el pecado -continuaba Mn. Ramón Prat- debemos contar pero no debemos pactar con él."

Somos santos y pecadores, hasta …
Juan Manuel Serra Oller
God made a Paradise for man, and He called it Eden.
God made a Paradise for Himself, and He call it Mary.
(Saint Louis Mary Grignion de Montfort)
Dios creó un Paraíso para el hombre, y lo llamó Edén.
Dios creó un Paraíso para sí mismo, y lo llamó María. (San Luís María Grignion de Montfort)