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No discriminen a Dios

No discriminen a Dios

Cartas al director, el 3.07.20 a las 11:45 AM

Escribo estas líneas, porque ya no puedo soportar el desprecio y la discriminación hacia Dios. Y esta discriminación (uso esta palabra porque es la que se emplea en todas estas cuestiones) causa más dolor cuando es propiciada por los propios miembros de la jerarquía eclesiástica. Sacerdotes de la diócesis de Río IV han apoyado el día del orgullo LGTBQI (y todo el alfabeto, porque cada vez le agregan una letra para incluir la nueva desviación sexual que aparece). La Provincia Franciscana S. Fco. Solano publicó una imagen promovida por la JUFRA (Juventud Franciscana), con los colores del arco iris diciendo «La fraternidad abraza la diversidad» (traducido significa: «ser fraterno es abrazar los actos homosexuales»).

El sacerdote de Río IV escribió en una red social que la Iglesia debe acoger a estas personas que son las más «vulnerables» de la sociedad, «perseguidas» y «oprimidas», y que debe pedirles perdón por el dolor que les ha causado. Y para ello argumentaba su postura citando el número 2358 del Catecismo de forma parcial. Obviamente los números 2357 (Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves -cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10-, la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados» -Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8-. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso) y 2359 (Las personas homosexuales están llamadas a la castidad) son omitidos con toda la intención. A su comentario se unieron otros sacerdotes.

Mi deseo es que quienes leen esta pequeña nota sepan que seguimos existiendo sacerdotes católicos heterosexuales célibes que profesamos la fe y la moral de la Iglesia de Jesucristo, que estamos perseguidos y en las «catacumbas», pero que todos los días subimos al Altar con la certeza absoluta que «nada reemplazará jamás una Misa por la salvación del mundo» (Benedicto XVI); que respetamos a las personas que experimentan una sexualidad compleja, pero que también queremos ser respetados y que no queremos que se discrimine a Jesús y su visión de la sexualidad, y no queremos que se nos imponga la aceptación de actos intrínsecamente desordenados como si fueran buenos. El que quiera realizarlos, allá él, pero no nos obliguen a aceptarlos.

Señalo algo puramente biológico y reto a cualquiera a contestarlo desde una perspectiva científica: «La mujer tiene una cavidad especialmente preparada para la relación sexual que se lubrica para facilitar la penetración, resiste la fricción, segrega sustancias que protegen al cuerpo femenino de posibles infecciones presentes en el semen. En cambio, el ano del hombre no está diseñado para recibir, sólo para expeler. Su membrana es delicada, se desgarra con facilidad y carece de protección contra agentes externos que pudieran infectarlo. El miembro que penetra al ano lo lastima severamente pudiendo causar sangrados e infecciones» «Contra facta non valent argumenta» (contra los hechos no valen los argumentos).

«Dentro de la Iglesia se ha formado también una tendencia, constituida por grupos de presión con diversos nombres y diversa amplitud, que intenta acreditarse como representante de todas las personas homosexuales que son católicas. Pero el hecho es que sus seguidores, generalmente, son personas que, o ignoran la enseñanza de la Iglesia, o buscan subvertirla de alguna manera. Se trata de mantener bajo el amparo del catolicismo a personas homosexuales que no tienen intención alguna de abandonar su comportamiento homosexual. Una de las tácticas utilizadas es la de afirmar, en tono de protesta, que cualquier crítica, o reserva en relación con las personas homosexuales, con su actividad y con su estilo de vida, constituye simplemente una forma de injusta discriminación». (Nº 9 CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE CARTA A LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA

SOBRE LA ATENCIÓN PASTORAL A LAS PERSONAS HOMOSEXUALES- El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en el transcurso de la Audiencia concedida al suscrito Prefecto, ha aprobado la presente Carta acordada en la reunión ordinaria de esta Congregación y ha ordenado su publicación. Roma, desde la sede de la Congregación para la Doctrina de la fe, 1 de octubre de 1986. Joseph Card. Ratzinger). Hermanos obispos, sacerdotes y religiosos: La Escritura, la Tradición y el Magisterio no cambian con el Papa de turno. «NO DISCRIMINEN A DIOS».

P. Andrés David Quiroga, sacerdote

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