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Ni ecología ni refugiados

Ni ecología ni refugiados

Jorge, el 19.01.20 a las 10:44 AM

Pero es a lo que nos dedicamos.

En esta santa madre Iglesia, como en los demás ámbitos, las cosas van, aunque parezca absurdo, por modas. Ahora, por ejemplo, es moda lo ecológico. En la Iglesia y en el mundo. No hay producto, alimento, edificio o industria que no inicie su presentación con la etiqueta de respeto al medio ambiente. Que me parece perfecto. No solo perfecto, sino necesario e incluso imprescindible.

En esta santa madre Iglesia, como en los demás ámbitos, al lado de lo ecológico surge la reivindicación de una acogida total hacia el inmigrante, independientemente de sus circunstancias de entrada en la Unión Europea a través de España, es decir, con papeles, en patera, con salto de valla o aeropuerto común. Que evidentemente son personas con unos derechos humanos inalienables.

Los pobres, por favor, que se me olvidaban los pobres.

Nos creemos que en esos retos de hoy, la ecología, los inmigrantes y refugiados y la opción por los pobres es donde está la madre del cordero y donde los católicos, o mejor los cristianos, debemos poner toda la carne en el asador. Esa es la clave, nos decimos.

Puede ser. Quizá. Vaya usted a saber. Tal vez la salvación nos llegue por ahí. Quién sabe. A lo mejor.

En el evangelio de este domingo vamos a escuchar el impactante testimonio de Juan Bautista sobre Jesús: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

Ya lo ven. Que está bien eso de la ecología, lo de cuidar los animalitos… y mucho mejor cuidar a las personas, especialmente a los más pobres y débiles. Pero… solo Cristo, porque es el Hijo de Dios es el que quita el pecado del mundo. Pues no hay forma. Cristo siempre acaba en segundo o tercer lugar. Incluso nos montamos nuestros grupos de oración y reflexión para orar en torno a la destrucción del medio ambiente, en solidaridad con los refugiados y en el compromiso con los pobres. Y Cristo si, algo aparece, pero no como centro, sino como una forma de justificar lo que hoy más vende.

Rechazamos a Cristo, lo colocamos en segundo o tercer lugar, nos olvidamos de los santos para echarnos en manos del primer gurú de la nueva era, el último personaje de moda o una Greta cualquiera reconvertida, hasta en la Iglesia, en algo así como la última Mesías. Por cierto, me dicen que se la espera en Australia. Estará buscando a ver quien maneja su barca para ir hasta allá.

La salvación está solamente en Cristo. Cristo es el que quita el pecado del mundo, pero andamos al revés.

Mejor nos iría dedicando tanto esfuerzo en vano, fruto de apuntarnos a la moda de lo que hoy se lleva, a predicar a Cristo como Hijo de Dios, a anunciar a Cristo como único Señor. Sigo diciendo que el mayor apoyo para la conservación del medio ambiente, para que haya justicia y solidaridad, para que llegue la paz, es anunciar a Cristo muerto y resucitado e invitar a la conversión. Todo el que se entrega a Cristo es bondadoso, caritativo, practica las obras de misericordia y cuida la creación como obra de Dios.

No hay manera. Silenciamos a Cristo para colocar en la palestra a las gretas de turno pensando además ¡ilusos que somos! que la gente así vendrá a la Iglesia deslumbrados por nuestra solidaridad, que no vienen.

Hemos conocido a Cristo, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, conocemos al Hijo de Dios y se nos va el tiempo entre la ecología y los pobres. La gente no viene. Lógico. Para la ecología mejor Greenpeace.

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