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Bautismo de JESÚS 2020

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Día 12 domingo. Fiesta: El Bautismo del Señor Celebramos, hoy junto con toda la Iglesia, el Bautismo del Señor. Jesucristo aparece ante los hombres, concretamente ante Juan el Bautista y todo el …More
Día 12 domingo. Fiesta: El Bautismo del Señor Celebramos, hoy junto con toda la Iglesia, el Bautismo del Señor. Jesucristo aparece ante los hombres, concretamente ante Juan el Bautista y todo el pueblo que era bautizado por él en el río Jordán, en el ámbito sobrenatural de la Santísima Trinidad. Siendo el Verbo encarnado, la segunda de las personas trinitarias hecho hombre, habitaba ya permanentemente, eternamente, en la intimidad del Padre y el Espíritu Santo. Su bautismo en el Jordán tenía por eso un sentido eminentemente ejemplar y cuantos lo observaron pudieron reconocer que Jesucristo, siendo hombre, mantenía una relación muy singular –única–, con Dios: con el Padre y con el Espíritu Santo. Para nosotros es trascendental reconocer y admirar el Bautismo del Señor, pues somos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esto es lo definitivo para los hombres, llamados como estamos por Dios a la intimidad trinitaria. Lo nuestro, lo que nos distingue y eleva sobremanera por encima del resto de la Creación, es esa relación con Dios Padre, con Dios Hijo y con Dios Espíritu Santo que, por la Gracia, comienza con nuestro bautismo y se desarrolla a partir de él. Es el designio de Dios para los hombres, que alcanza su plenitud, después de esta vida, en la eterna Bienaventuranza del Cielo. Bastantes hombres, la mayoría en algunas culturas, hemos sido bautizados por deseo de nuestros padres al poco de nacer. Posiblemente después, en coherencia con aquel primer deseo paterno de que participáramos de la vida de Dios, nos ofrecieron una educación en la fe del Evangelio. Pasado el tiempo, con el comienzo de la discreción y de la vida moral, pudimos libremente orientar nuestra vida según el deseo divino. En cada jornada descubríamos continuas ocasiones de amar a Dios, aunque también pudiéramos vivir a nuestro antojo, al margen de lo que reconocíamos que esperaba el Señor de nosotros. Es claro, en todo caso, que no es posible alcanzar esa intimidad eterna con la Trinidad Beatísima, sin un libre y decidido querer por parte del hombre. Al designio divino debe corresponder la personal voluntad. Es éste un buen día para acordarnos, en la presencia de Dios Nuestro Señor, de los que no han recibido la Gracia del Bautismo y carecen del mayor don que podemos poseer las personas. Nuestro amor a Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, según las palabras de san Pablo, nos lleva a suplicar para ellos la Gracia de la fe y, con ella, el Bautismo. Supliquemos al Señor que sean bautizados todos los niños recién nacidos, para que la Trinidad habite en su alma desde sus primeros vagidos. Así, más tarde, responsablemente, en el ejercicio de su libertad, podrán crecer en la vida de la Gracia como en la vida del cuerpo.