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Los "católicos mutantes", o los "Transformers". I

Los "católicos mutantes", o los "Transformers". I

José Luis Aberasturi, el 16.04.21 a las 9:33 AM

Estamos contemplando ante nuestros ojos -tentados estamos de verlo y no creerlo- un espectáculo que no por anunciado nos es menos doloroso: el de tantos y tantos que se dicen “católicos” que no solo no saben lo que dicen sino que viven haciendo bandera de estar a la contra; para destruir, como es lógico en ellos, hasta la menor sombra de “lo católico".

Eso sí: prefieren decir “cambiarlo", “renovarlo", “hacer que progrese"…, y otras tonterías por el estilo; que solo engañan a los ya insipiens, doctorados cum laude.

Es lo que vengo llamando “católicos a lo Biden“, que se caracterizan por importarles lo mismo comulgar que abortar; rezar -es un suponer-, que maldecir: ya, ni distinguen. Se les cumple aquello de no saben lo que hacen

O sí; que también podría ser. Porque hay cosas que es imposible no saber que se hacen, ni desconocer por qué se hacen. A estas alturas de la fiesta ya no cuela. Son los que he calificado como “católicos mutantes“: los “transformers” que se dice en estos “tiempos modernos": como aquella irónica, sabia e hiriente caricatura del gran Chaplin.

Son todos aquellos que han quemado su Fe -infundida por Dios mismo en el alma-, en los parámetros mundanos: no les queda más rastro que seguir cobrando y utilizar sus carguetes para corromper conciencias y destruir la propia Iglesia. Siempre les quedará -mientras puedan- el hacer de hijos pródigos, y desandar el camino: el Señor espera siempre; pero el tiempo nuestro se nos acaba.

Una “nueva especie” -nada de que “la función crea el órgano“: es exactamente al revés, tanto en la naturaleza como en la Iglesia: el órgano determina y sirve para la función-; “nueva” especie -"más vieja que la Tana"-, que se ha enraizado en la Iglesia Católica como la “nueva cizaña", de clara denuncia evangélica: nos lo cuenta el mismo Jesús con “la parábola del trigo y la cizaña”.

La semilla que Dios sembró era buena, no: lo siguiente. Pero, vino de noche el enemigo -’cum dormirent homines’: no hay que olvidarlo nunca, pues es un dato más que esencial, y que nos interpela a todos, altos y bajos-, y sembró cizaña: de “noche", y aprovechando a la perfección “el dormir de los hombres": son las circunstancias en las que mejor trabaja el diablo.

En la Iglesia se hizo de noche con motivo del CV II. Y se hizo de noche porque tantos jerarcas de la Iglesia entonces -cuando podía aún ser disculpable-, pero sobre todo después -ya sin disculpa alguna-, “apagaron las luces” y se echaron a dormir.

De este modo “la noche", en lugar de ser
“noche oscura del alma” -que siempre es Providencia amorosa de Dios para hacer crecer “por dentro” a las almas-, se convirtió en “noche cerrada”: el momento propicio para la acción del enemigo, el propio demonio. Y este, con la ayuda necesaria de todos aquellos -los “transformers” de la siesta-, sembró la cizaña a dos manos y con pericia diabólica, como correspondía.

Los “frutos” no es que los tengan que contar: es que los tenemos entre las manos, y es lo que se nos ofrece en las “fruterías ecológicas", por lo eclesiástico; las que llevan el sello de la “nueva iglesia": las del “jardín de la iglesita".

Y germinaron, y dieron a luz a “los mutantes”. Bautizados, sí; pero, desconocedores ya de lo que es ser “hijos de Dios en su Iglesia en medio del mundo"; y, pensando quizá que están haciendo un favor a Dios, vinieron a vivir “a la contra": “¡qué dice la Iglesia, que me opongo!".

“De los nuestros salieron, pero no eran de los nuestros”, que me los habían cambiado. También porque se dejaron cambiar tan a gusto: ¡es tan fácil estar en la Iglesia sin responsabilidad alguna, en especial cuando se tienen cargos, y se cobra, y les jalean los poderes mundanos…!

Unos “mutantes", que se reconocen y se han hecho icono en/con el Biden, “el católico por lo moderno”. Por señalar, y para que nadie se pierda de qué estamos hablando.

Pero unos “mutantes” que no solo han proliferado en el pueblo, antes fiel: sino mucho antes y mucho más “monstruosos” -los “transformers de la cúpula"-, entre los componentes de la Jerarquía Católica.

El último “fenómeno mutante", también por señalar, ha sido el obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck que, ante el plante de unos cuantos de los sacerdotes de “su” presbiterio, que se han conjurado junto a los de otros presbiterios para bendecir parejitas homosexs en un mismo día y a una misma hora -el 10 de mayo, 2021-, en claro DESAFÍO a la Doctrina Católica: este es el GEN mutante, el cáncer de la Iglesia.

Pues este señor -el bischof por lo alemán-, ha declarado que lo pueden hacer con toda tranquilidad; que él, su bischof -"mutante” él también, y jefe de mutantes a mayor dignidad, oficio y nómina-, no va a mover un dedo en su contra: antes bien, les aplaude con manos y pies. O sea: con las cuatro extremidades.

Tampoco la CEA ha dicho esta boca es mía: ¡más “mutantes"! Ni en Roma, donde hay hasta una Congregación para los Obispos -y para el clero-, han respirado: están tan entretenidos haciendo “poesía” -es el gran descubrimiento y el entretenimiento mayor de los eclesiásticos de nómina y cargo en esta larga temporada: la realidad no les gusta nada, o ni saben de qué va, o les da lo mismo-, y felicitando también el ramadán a los sarracenos; esto no se les olvida.

Lo que sí se les ha olvidado es aquello de la escritura Santa: El principio de la soberbia humana es apostatar de Dios (Eclo 10, 15). Con lo que eso comporta y trae consigo: pecado horrible debe ser pues convirtió para siempre a los mismos Ángeles en demonios: ¡que ya es transformarse y mutar!

Como escribe san Agustín: “¿Es posible suponer ceguedad más perniciosa que la de explotar el engaño del prójimo, para alcanzar una gloria vana y despreciar el testimonio de Dios presente en tu corazón?“. Pues sí, es perfectamente posible porque lo vemos en los jerarcas y lo sufrimos todos los días en nuestras carnes y en nuestras almas.

Son los “transformers” más dañinos. Eso sí: todos con nómina oficial, que de algo hay que vivir: Judas también cobró del dinero oficial y eclesiástico de la época, por cierto.

Claro que, para dedicarse a todo ese trabajo -a cargarse a la Iglesia con gran dedicación y empeño-, hay que haberse destrozado antes la conciencia bien “a conciencia", y haber entregado el alma a quien la quiera comprar. Se den cuenta de eso, o no.

La lista de los “mutantes” de la Jerarquía se haría más que larga. Y la de los que han mutado en “ciegos, sordos y mudos", se haría interminable a día de hoy. Pero todo puede alcanzar mayor envergadura mañana mismo: cada día que pasa, crecen.

San Agustín lo explica magistralmente con la comparación que hace del “trigo y la paja", un calco de la del “trigo y la cizaña” del Señor, a la que también se remite, aunque yo no lo recoja. Escribe:

Es manifiesto que muchos que se dicen fieles no viven como tales ni sus costumbres están en armonía con la gracia que recibieron. Alaban al Señor con la boca, pero le ultrajan con su vida.

Es también cierto que entre el número de estos fieles andan muchos como granos perdidos entre un montón de paja y que, como granos, soportan el trillo de la era; pero se consuelan con la esperanza de ser recogidos en el granero.
[Nos salva la Fe hecha Esperanza]

Estas son las dos clases de hombres que constituyen la Iglesia de Dios. [Hoy, tan asombrosamente actual como ayer. Lo que cambia actualmente es la magnitud de los primeros especímenes, los transformers, en especial entre los jerarcas]

En la Iglesia reconocemos la era del Señor, donde tendrá lugar la separación el día del Juicio; allí deseamos pertenecer después de la Resurrección al montón de trigo y anhelamos ser llevados al granero de la Vida Eterna. [A partir de aquí, ya no cabe mudanza, ni vuelta atrás]

En el Cielo no habrá paja, como en el Infierno no habrá trigo. (…) [Las cosas claras: no equivocarse]

También al presente estamos separados, si no por el lugar, al menos por las costumbres, los sentimientos, las aspiraciones, la Fe, la Esperanza y la Caridad. [Nuevamente cierto y atinado para el hoy de la Iglesia, porque es de siempre y para siempre]

Vivimos en medio de los malvados, pero es diferente nuestra vida; hay una distinción oculta y una separación que no aparece; como están los granos en la era, no como en el granero.

En la era, los granos están mezclados y separados: separados, porque ya están desgranados de la espiga; mezclados, porque aún no han sido separados de la paja.

En el día del Juicio la separación será manifiesta a todos; como lo fue la de las costumbres, lo será entonces la de la vida, y como ahora la hay de las almas, la habrá entonces de los cuerpos.

En el día del Juicio el fuego precederá al Juez, y a su alrededor se formará una gran tempestad.

Esta tempestad arrebatará toda la paja de la era, y el fuego destruirá todo lo que el viento haya arrastrado. (…)
["A todo cerdo le llega su San Martín"]

Los que verdaderamente son trigo, soportan con la paja la trituración, y mientras se congratulan de ser grano, gimen bajo la paja, en espera del aventador, que saben es su verdadero libertador.

Por tanto, para que puedas llegar al Reino de la Inmortalidad, procura permanecer en la era con el peso de la caridad. (…)
[En el amor a Dios; y, por Él, en la oración por todos, buenos y malos]

Por tanto, hay que tener paciencia con la cizaña entre el trigo, (…)

¡Oh, vosotros, que, siendo pocos entre muchos, vivís bien y pasáis la vida suspirando y gimiendo entre ellos! Pasará el invierno y llegará para vosotros con el verano la hora de la siega; entonces vendrán los Ángeles, que pueden separar el bien del mal sin riesgo a equivocarse. (…)

Nosotros seremos también segadores si como Ángeles de Dios concluimos nuestra carrera; pero al presente, cuando nos enojamos por la compañía de los malos, aún somos hombres.

Por tanto, el que cree estar en pie, tenga cuidado de no caer.
[¡Aviso de navegantes!]

¿Pensáis que esta cizaña no sube hasta las sillas episcopales? ¿Pensáis que solamente se la encuentra abajo y nunca en las alturas? ¡Ojalá que no subiera! Digoos de verdad que en lo alto del Santuario hay también cizaña y trigo; como en el valle hay cizaña y trigo. [Tal cual: lo borda]

Toleren los buenos a los malos y los malos enmiéndense e imiten a los buenos. [Es la receta del santo, ayer como hoy]

Pertenezcamos todos a Dios, si puede ser, y esforcémonos por acercarnos a su Misericordia, huyendo de la malicia de este siglo.

Busquemos los días buenos, ya que vivimos días malos; procuremos vivir bien estos días malos, para que podamos llegar a los días buenos.


Amén.

Todo tan actual, y de una vigencia tan constatable, que sobran los comentarios: lo estropearía de fijo.

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