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Y José, levantándose…

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Fray Isaías Beiter OP
20 de Enero de 2020

El legado de San José es misterioso. Es el padre virginal de Jesús, según decía el Papa San Pío X. Es el varón justo, que puso Nombre al Niño Jesús, y a la vez es un hombre entregado al silencio. Es el varón de los sueños y un hombre de acción.

Tenemos un ejemplo en el Evangelio de San Mateo, donde José es visitado en sueños por un ángel y recibe instrucciones.
Aparece una palabra clave: «Levántate.» Tres veces escuchamos ese imperativos del ángel en el sueño de José, y tres veces el sueño es seguido por la expresión: «Y José, levantándose…»
José es el hombre que se levanta y hace lo que se le pide. Primero, toma a María como esposa, y luego lleva al Niño y a Su Madre a Egipto.
Finalmente los devuelve al punto de partida. (Todo ello tras un último sueño indescifrable para nosotros, en que se le ordena volver a Palestina e instalarse en Nazaret).

Levantarse y hacer la voluntad del Señor: Ésta es la vocación del profeta. Es exactamente lo que Jonás no hace, pues, se levanta y huye.
Se trata de la llamada del Predicador al pueblo redimido por Dios. Y quizás lo más significativo, es exactamente lo que hace Abraham, cuando va a ofrecer a su amado hijo al Señor. ( Génesis 22, 1-3 ).

José es el hombre que se levanta para servir al Señor. En cierto modo somos también hijos de José.
Con su ejemplo es un referente especial para la multitud de sus hijos que lo imitan en la entrega de su paternidad y su benévolo atractivo para quienes, dichosos, caminan con limpieza por los senderos de Dios.
Ésta es la principal lección que podemos extraer de los ejemplos de San José: Estar siempre preparados para levantarnos.

A lo largo de las Escrituras, y en la vida de San José, «surgere» -levantarse- indica una disposición de entrega a las buenas obras, que Dios nos propone. ( Efesios 2, 10 ). En un nivel más básico, esto significa que no debemos tener sueño, sino levantarnos muy de mañana y, como San José, poner nuestra disposición y laboriosidad, orientados a lo que Dios nos encomienda.
En un sentido más general, nunca debemos permitir que nuestra recreación y el descanso nos impidan ser generosos.
En una época de curiosidad compulsiva y dedicación excesiva a las redes sociales, rodeados por doquier de cantos de sirena, que pueden distraer nuestra atención de lo único necesario, ¡no sucumbamos al ruido, volviéndonos sordos a la voz de Dios y a las necesidades de quienes nos rodean!
Siempre que estemos dispuestos a ser útiles, a servir, estaremos unidos a San José en el Amor a Jesús y a Su Santisíma Madre.

Vivamos los bautizados de acuerdo con lo que realmente somos: «Hijos de la luz e hijos del día.» (1 Tes 5, 5). Con tales disposiciones, en nuestro descanso, incluso en el sueño de la muerte, estaremos prestos para levantarnos.

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