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Febrero 18. Beato Juan de Fiesole - Fra Angélico

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florycanto Beato Juan de Fiésole, «Fra Angelico», religioso presbítero

En Roma, beato Juan de Fiésole, llamado «Angélico», presbítero de la Orden de Predicadores, que, siguiendo de cerca a Cristo, expresaba en sus pinturas lo que contemplaba interiormente, con objeto de atraer a los hombres a los bienes eternos.

Guido o Guidolino (pronúnciese «Güi») nace en Vicchio di Mugello (Toscana) a finales del siglo XIV; se solía indicar como año el 1387, pero los estudiosos actuales lo ponen en duda, prefiriendo unos años más tarde. Ya en su adolescencia se formó y ejerció en una escuela de pintura en Florencia. Pero más tarde, poco antes de 1423, se sintió llamado al claustro, e ingresó junto con su hermano Benito al convento dominicano de Fiésole, recientemente fundado en la observancia regular estricta por el beato Juan Dominici. Allí tomó el nombre de Juan de Fiésole.

En aquella casa permaneció hasta 1437, y en ese período, luego de ordenado presbítero, fue dos veces vicario y una prior del convento. Pero también ejercía allí el arte de la pintura, que le daría fama universal. En 1438 fue a Florencia, y allí, bajo el priorato de san Antonino y hasta 1445, pintó los famosos frescos de San Marcos de Florencia, que pueden verse en el claustro, el aula capitular, las celdas y los pasillos. Pero además de esto, y por los mismos años trabajó en Roma pintando dos capillas en la basílica de San Pedro y en el palacio Vaticano, y realizó muchos otros trabajos donde va consiguiendo la síntesis entre la contemplación espiritual y la expresión artística.

En 1446 el papa Eugenio IV lo propuso para el arzobispado de Florencia, pero el beato declinó, sugiriendo en cambio la figura de san Antonino. Murió en Roma, en el convento de Santa María sopra Minerva, el 18 de febrero de 1455, y allí permanece su sepulcro en tierra, decorado con una lápida de mármol con su imagen en relieve. Ya en 1469 se le aplica por primera vez el apelativo de Angélico, en el Theotocón de fray Domingo da Corella, nombre que adquirió ciudadanía inmediata entre los admiradores de su arte y de su vida.

Giorgio Vasari, que escribió sus famosas biografías un siglo después, dice que era «juzgado de todos no por menos santo que sobresaliente artista. Tenía el hábito de no retocar sus pinturas, sino dejarlas siempre como habían quedado la primera vez, por creer (según decía) que era la voluntad de Dios. Dicen algunos que fray Giovanni no tomaba los pinceles sí en primer lugar él no había hecho oración. Ni hizo nunca un Crucifijo, en que él no bañase de lágrimas su cara, por lo que ciertamente se conoce en las aptitudes de las figuras suyas, la bondad del gran espíritu suyo fundado en la religión cristiana» La ausencia de retoque ayuda a explicar la asombrosamente extensa producción.

Se lo conoce en la historia del arte como Fra Angelico o como Beato Angelico, indistintamente, aunque en realidad su "canonización" había sido popular, no formal. Sin embargo el papa Juan Pablo II reconoció en octubre de 1982 el culto inmemorial al beato, al conceder a la orden misa y oficio propio para la celebración, y en 1984 lo proclamó patrono de los artistas.