“¡Seamos buenos samaritanos!”

DÉCIMO QUINTO DOMINGO TIEMPO COMÚN Ciclo C Textos: Deut 30, 10-14; Col 1, 15-20; Lc 10, 25-37 Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de …
La parábola del Buen Samaritano es una enseñanza para vivir el mandato del amor para con Dios y para con el prójimo. La ley del Señor, recuerda la primera lectura, no es algo exterior a nosotros mismos, sino que se encuentra dentro de nosotros y hemos de llevarla a la práctica. San Pablo, en la segunda lectura, delinea ante nosotros la imagen de Cristo en toda su grandeza. Es el principio de la …More
La parábola del Buen Samaritano es una enseñanza para vivir el mandato del amor para con Dios y para con el prójimo. La ley del Señor, recuerda la primera lectura, no es algo exterior a nosotros mismos, sino que se encuentra dentro de nosotros y hemos de llevarla a la práctica. San Pablo, en la segunda lectura, delinea ante nosotros la imagen de Cristo en toda su grandeza. Es el principio de la nueva humanidad en su resurrección de entre los muertos.

Cristo y la caridad serán siempre la clave de toda autenticidad cristiana. El Corazón de Jesucristo, su iniciador y consumador, el Maestro y el Modelo a seguir (LG 40). En el cristianismo todo lo que no se centra en la caridad, puede ser equívoco. Ciertamente es infructuoso para nuestra salvación (1 Cor 13,10).

–Deuteronomio 30,10-14: El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo. Por la revelación divina, Dios mismo se ha puesto en actitud de diálogo amoroso al alcance de toda conciencia recta. Es en lo íntimo de su corazón donde cada hombre se abre a su Voluntad o la rechaza.

Deuteronomio 30,10-14: El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo. Por la revelación divina, Dios mismo se ha puesto en actitud de diálogo amoroso al alcance de toda conciencia recta. Es en lo íntimo de su corazón donde cada hombre se abre a su Voluntad o la rechaza.

Al autor de este libro interesa sobre todo exhortar al pueblo de su tiempo a reflexionar sobre su vocación y elección y obre las consecuencias nefastas a que ha conducido el abandono de Yahvé, el Dios de los padres, mediante la infidelidad a la alianza sancionada después del éxodo y renovada repetidas veces por Dios a través de los profetas. Como tantas veces ya hemos expuesto con textos patrísticos, todo se concreta en la observancia del Pacto, pues por parte de Dios siempre estará firme su fidelidad.

–El Salmo 68 nos exhorta a buscar al Señor para que viva nuestro corazón. Es como una continuación de la lectura anterior: «Mi oración se dirige a Ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia, por tu gran compasión vuélvete hacia mí. Yo soy un pobre malherido, Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre del Señor con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor y vivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. El Señor salvará a Sión...»

Colosenses 1, 15-20: Todo fue creado por Él y para Él. El acercamiento amoroso de Dios a los hombres ha culminado en el misterio entrañable del Corazón de Cristo, centro y culmen de la revelación de la caridad del Padre. Orígenes dice:

«Ahora bien, el alma es movida por el amor y deseo celestes cuando, examinadas a fondo la belleza y la gloria del Verbo de Dios, se enamora de su aspecto y recibe de Él como una saeta y una herida de amor. Este Verbo es, efectivamente, la imagen y el esplendor del Dios invisible, “primogénito de toda creación, en quien han sido creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, las visibles e invisibles” (Col 1,16). Por consiguiente, si alguien logra con la capacidad de su inteligencia vislumbrar y contemplar la gloria y hermosura de todo cuanto ha sido creado por Él, pasmado por la belleza misma de las cosas y traspasado por la magnificencia de su esplendor, como por una saeta bruñida, en expresión del profeta (Isaías 49,2), recibirá de Él una herida salutífera, y arderá en el fuego deleitoso de su amor» (Comentario al Cantar de los Cantares, prólogo).
Lucas 10,25-37: ¿Quién es mi prójimo? Cristo, Dios y hombre, en unidad de Persona, ha hecho de la caridad a Dios y a los hombres la plenitud de la ley, como norma de salvación para todos nosotros. Siempre tenemos necesidad de insistir en el precepto del amor. La apologética esencial al cristianismo será siempre la de la caridad». Escuchemos a San Agustín:

«Aquel hombre que yacía en el camino, abandonado medio muerto por los ladrones, a quien despreciaron el sacerdote y el levita que por allí pasaron y a quien curó y auxilió un samaritano que iba también de paso, es el género humano. ¿Cómo se llegó a esta narración? A cierta persona que le preguntó cuáles eran los mandamientos más excelentes y supremos de la ley, el Señor respondió que eran dos... Jesucristo, el Señor, quiso que viésemos a Él representado en el Samaritano... El Señor se nos hace cercano en el prójimo. Él, para hacerse cercano a ti, asumió tu pena, pero no tu culpa, y si la asumió fue para borrarla, no para perpetrarla. Siendo justo e inmortal, estaba lejos de los injustos y mortales. Tú, en cuanto pecador y mortal estabas lejos del justo e inmortal. Él no se hizo pecador, como lo eras tú, pero se hizo mortal como tú. Permaneciendo justo se hizo mortal. Asumiendo la pena sin la culpa, destruyó pena y culpa. Por tanto, el Señor está cerca, no os inquietéis por nada. Aunque corporalmente ascendió por encima de todos los cielos, con su majestad no se alejó. Quien hizo todo está presente en todas partes (Sermón 171,2-3).

Prescindiendo o infravalorando la caridad evangélica (sobrenatural y positiva) el «moralismo» sólo sirve para justificar posturas naturalistas, privadas o sociales, pero nunca de autenticidad cristiana. Puedes escuchar más En La sala con Jesús por www.rradioluzdecristo.org con la colaboración del Padre Pedro Brasseco Evangelio y Reflexión este lunes de 10AM a 12PM. Y este servidor Angelo.
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