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pablodeguadalupe

¨Las 24 horas de la Pasión de Jesús¨, escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, conocida como la "Pequeña Hija de la Divina Voluntad", representa un tesoro espiritual destinado a renovar el amor de las criaturas por su Redentor. Esta obra no es una simple narración histórica de los padecimientos de Cristo, sino una serie de meditaciones profundas en las que el alma se une a Jesús para hacerse "corredentora" en Él, reparando por los pecados del mundo y consolando Su Corazón agonizante.
La vida de la autora es el testimonio mismo de esta unión; Luisa Piccarreta vivió en la ciudad de Corato, Italia, y permaneció inmovilizada en cama durante 62 años, alimentándose casi exclusivamente de la Eucaristía y viviendo en una "pequeña prisión" donde Jesús le reveló las verdades de Su Divina Voluntad. La misión de Luisa comenzó a los dieciocho años con una visión conmovedora: vio a Jesús cargando la cruz bajo su balcón, quien, mirándola fijamente, le imploró: "¡Alma, ayúdame!". Desde ese momento, Luisa aceptó su FIAT, dedicándose a rumiar continuamente la Pasión de Jesús como el medio principal para devolver al hombre al orden y finalidad para los que fue creado.
El valor de estas "Horas" es incalculable, pues según las promesas hechas por Jesús a Luisa, estas meditaciones son Sus mismas oraciones y reparaciones puestas en el alma. Jesús afirma que el mundo ha perdido su equilibrio porque ha perdido la memoria de Su Pasión; por tanto, estas horas de reparación son el "orden del universo" que armonizan el cielo con la tierra y detienen los flagelos de la Justicia Divina. Para el lector, este libro promete frutos de conversión y santidad: el pecador encontrará la victoria, el débil encontrará fuerza y el alma amante hallará un alimento espiritual que la transformará a semejanza de Jesús.
Avalados por el Nulla Obstat de San Aníbal María di Francia, quien fue confesor y censor de Luisa, estos escritos son considerados "dictados celestialmente" para dar a conocer al mundo la grandeza del Divino Querer. Al internarse en estas 24 horas, el alma no solo acompaña a Jesús en Sus divinos padecimientos, sino que recibe, por cada palabra, un "beso" de Su amor y una luz de gloria que la acompañará por toda la eternidad.

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