Cuando Bergoglio comenzó a manifestar públicamente su herejía, los sacerdotes y fieles que lo habían apoyado —mientras fingían defender la doctrina—, es decir, sus cómplices pasivos, su «quinta columna», lo defendieron diciendo: «Pero él no ha cambiado la doctrina». Todo ello mientras Bergoglio pisoteaba la Ley Natural de Dios y convertía la Palabra de Dios en letra muerta, tanto en materia de fe como de moral. Continuaron apoyando a Bergoglio hasta su último aliento, reconociéndolo como Papa incluso después de poseer pruebas inequívocas de que, a través de su pseudo-magisterio herético —específicamente *Fiducia Supplicans* y *Amoris Laetitia*—, había contradicho, en la práctica, la doctrina católica. Es decir, fingió no cambiar la ley, pero astutamente orquestó la desobediencia a las leyes de Dios y de la Iglesia; en términos prácticos, logró abolir la ley de Dios. Fue así como la Serpiente consumó la rebelión contra Dios.
Los sacerdotes tibios que han elegido convertirse en perros mudos son un grupo de lacayos a sueldo que, por cobardía o conveniencia, no alzan la voz, negando así su fe. Pues un sacerdote que no defiende a su esposa —la Iglesia— frente a la rebelión contra Dios lanzada por la secta sinodal bergogliano-prevostiana es un desertor y no merece ser llamado ni siquiera cristiano.
«El mal pastor (el asalariado) huye no solo corriendo, sino también guardando silencio»: San Juan Crisóstomo
Arzobispo Viganò: Müller, Sarah y Burke constituyen una oposición controlada. Su función es contener la hemorragia de católicos provocada por la revolución conciliar, engañando a los fieles al hacerles creer que es posible la coexistencia de dos entidades opuestas.
La obediencia a la Jerarquía resulta engañosa cuando se desvía de la Verdad del Dogma y de la Tradición. La unidad no es primordialmente institucional, sino doctrinal, arraigada en el inmutable Depósito de la Fe.
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“Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, es actitud propia o de hombres cobardes o de hombres inseguros de la verdad que profesan. La cobardía y la duda son contrarias a la salvación del individuo y a la seguridad del Bien Común, y provechosas únicamente para los enemigos del cristianismo, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos”. Papa Leon XIII