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Prevost utilizó maliciosamente el nombre de Cristo para ejecutar su venganza contra Su Iglesia y Su sacerdocio masculino —en colaboración con sus secuaces— desde la mismísima Tumba de San Pedro

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Ni siquiera cuando Robert Prevost —maliciosamente, en su rebelión contra el Sacerdocio y el Papado instituidos por Cristo— los pisotea y se dirige a una colega herética llamándola «Su Gracia», dejará ella de ser herética, cismática y apóstata, ni se convertirá en cristiana; pues desafía el sacerdocio de Cristo. —así como tampoco los travestis homosexuales disfrazados de mujeres no se convirtieron en mujeres, a pesar de que el malvado Bergoglio los confirmó maliciosamente en su rebelión contra la ley de Dios al referirse a un grupo de homosexuales argentinos, ya viejos y sin arrepentimiento, como «chicas»—.
La mona no deja de ser mona aunque se vista de seda.

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