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¡ La invalidez del Novus Ordo de la consagración episcopal según el rito de Pablo VI !

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Introducción El 18 de junio de este año 2018, se cumplían los cincuenta años de la "promulgación" por Pablo VI de la Constitución Apostólica “Pontificalis Romani Recognitio”. Esta constitución abolía…More
Introducción
El 18 de junio de este año 2018, se cumplían los cincuenta años de la "promulgación" por Pablo VI de la Constitución Apostólica “Pontificalis Romani Recognitio”. Esta
constitución abolía el rito tradicional de consagración de obispos y lo sustituía por un
producto artificial, un rito sin ningún precedente en la historia de la Iglesia Romana.
Para ello, se adujeron todo tipo de falsos pretextos. El más conocido de ellos consistía
en afirmar que el nuevo Pontifical era un maravilloso ejemplo de liturgia oriental tradicional, y por ende, un enorme paso en el camino ecuménico.El Profesor Heinzgerd
Brakmann, de la Universidad de Bonn, por ejemplo, se alegraba en uno de sus ensayos
de la aparición de ese nuevo rito de consagración episcopal, sin dejar de señalar por
otra parte que los orígenes de ese rito se encontraban en la literatura seudoapostólica y
seudo-epigráfica.

Las comparaciones del rito nuevo con los ritos que pretendidamente le habían servido de inspiración se hicieron todas desde un punto de vista meramente poético o literario;
pero las diferencias de orden dogmático acerca de la relación entre Cristo y el Espíritu
Santo no merecieron el más mínimo examen. Sin embargo, en cuanto se examina más
atentamente ese rito, salta enseguida a la vista que supone una destrucción de la
doctrina de la Encarnación del Verbo Eterno, así como una mutilación del Espíritu
Santo. Este rito se dirige pues a un sedicente dios, que ya no es el Dios de la
Revelación, esa Revelación que ha sido confiada a la Iglesia Católica.
Consiguientemente, ese rito no puede sino ser inválido, y por ello, causar la extinción

de la sucesión apostólica de los obispos.

Por ende, la iglesia conciliar ya no posee un sacramento de ordenación válido, con lo que después de cincuenta años, sus ministros son casi todos laicos carentes del indeleble carácter sacerdotal, particularmente ese payaso y bufón de corte de la Unión Europea que lleva por nombre “Francisco Bergoglio”. Las sucesiones todavía válidas de las antiguas Iglesias católicas orientales se van extinguiendo a su vez al serles impuesto el mezclarse con las sucesiones ya inválidas de los jerarcas occidentales Novus Ordo.

(Juan Pablo II « consagró » al metropolitano de Kiev tras el fin de la guerra fría)
Uno de los elementos centrales de la nueva forma de consagración episcopal está
constituido por la expresión “spiritus principalis”. La “Iglesia” salida del Concilio
Vaticano II no juzgó necesario definir de modo vinculante esta expresión (incluso en su
traducción a las lenguas vernáculas). ¿Por qué es esta expresión tan importante para
ella? ¿Qué significado tiene para la secta conciliar? E incluso si yo mismo, y otros,
han escrito ya libros enteros acerca de la cuestión de la invalidez del nuevo pontifical
del que aquí tratamos, nadie hasta ahora se había preocupado de la doctrina predicada
por esta nueva “Iglesia” acerca del Espíritu Santo, considerada a la luz de ese “Spiritus
Principalis”. ¿Qué o quién es ese “espíritu”? Curiosamente, ninguna traducción oficial
y obligatoria de esa expresión en lengua vernácula, susceptible de aportar alguna
claridad en cuanto a su significado, se encuentra disponible, así que en francés, por
ejemplo, viene siendo traducida como “el Espíritu que hace a los jefes”.

Ya hemos visto cómo, por seis razones diferentes, ese rito es necesariamente inválido.
Ninguna ha sido refutada, con gran satisfacción por nuestra parte. En este breve folleto,
nos concentraremos principalmente en saber en qué esa invalidez está ligada con el
“spiritus principalis”. De hecho, nos hallamos ante una séptima causa de invalidez: La
“secta conciliar” no hace ninguna distinción entre la causa formal del Sumo
Sacerdocio en el mismo Cristo, y la causa formal del sacerdocio en la ordenación de
los Apóstoles. Hasta los católicos tradicionales se sorprenderían al oír que la diferencia
es infinita. Se trata de la diferencia entre, por una parte, la existencia infinita e increada
de Dios que se hizo hombre, existencia que es la del Verbo Encarnado; y por la otra, la
potencia finita, creada, del carácter sacerdotal, que no confiere sino una participación
limitada en el sacerdocio del Redentor.
La nueva forma niega esta última realidad, y la sustituye por otra cosa. Ve la causa formal de la ordenación sacerdotal del Redentor, y la de los Apóstoles y sus sucesores, como una sola y misma causa: El “spiritus principalis”. Es este último el que debería ser
verdaderamente sacerdote, y no Jesús de Nazareth, puesto que la dependencia de Cristo
con respecto al “spiritus principalis” no sería diferente de la de los Apóstoles. El sacerdote ordenado no podría actuar, en virtud del carácter sacerdotal recibido en la
ordenación, “In Persona Christi”; al contrario, según la forma del Novus Ordo, Cristo
y los Apóstoles obrarían de manera idéntica a través del “spiritus principalis”. Un lazo
directo entre el sacerdocio católico y Cristo no podría existir, porque Cristo y los
sacerdotes ordenados tendrían su relación propia y paralela con el “spiritus

principalis”.

¡Esa sola conclusión constituye ya de por sí una terrible blasfemia! El nuevo rito de
consagración episcopal actúa como si el verdadero Hombre-Dios Jesucristo tuviera
necesidad de un poder extranjero para operar su obra redentora. Estamos ante una violación del santuario en grado máximo, la abominación de la desolación en el lugar santo, de la cual el Salvador ya nos avisó. Las doctrinas de los grandes concilios ecuménicos se ven invertidas como si hubiesen perdido todo valor. De especial importancia en este tema, el gran Concilio de Éfeso, así como también, el segundo Concilio de Constantinopla, en que ya tuvo lugar, y fue decidida, la primera controversia sobre la procesión del Espíritu Santo del Padre y del Hijo (filioque), resolución de la que pocos historiadores quieren darse cuenta. ¡El nuevo rito de consagración episcopal es un rito de iniciación luciferiana que niega la Divinidad de Cristo en el instante mismo en que pretende conferir el grado más alto del sacerdocio de la Nueva Alianza! A esta temática hemos consagrado este folleto, siendo invitados los lectores interesados en más amplios desarrollos a estudiar los libros y páginas web referenciadas al final de este
folleto, y que ofrecen fuentes notablemente abundantes para futuro estudio.
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@apostolesdemaria : Muchísimas gracias! Pero sería mejor que lo difundieras también.
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@malemp : Si te gusta, ¡difúndelo! Se necesitan multiplicadores!
malemp
Deberia haber un estudio serio de los "obispos" modernistas como McCarrick y tantos otros que ordenaron sacerdotes a montones, quienes son los hijos de estos herejes ya condenados? para que el fiel lo sepa
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