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MOTHER CABRINI (STA. FCA. JAVIER CABRINI) Movie trailer. Hoy la emitirán por Canal EWTN en español

Hoy sábado 17/8/2019 la emitirán por Canal EWTN en español. En Argentina será desde 17 a 18:40 hs. y la repetirán de 21 a 22: 40 hs. Sta. Francisca Javier CABRINI fué la fundadora del Instituto Hnas.…More
Hoy sábado 17/8/2019 la emitirán por Canal EWTN en español.

En Argentina será desde 17 a 18:40 hs. y la repetirán de 21 a 22: 40 hs.

Sta. Francisca Javier CABRINI fué la fundadora del Instituto Hnas. Misioneras del Sgdo. Czón. de Jesús (1850-1917) religiosa italiana

MOTHER CABRINI (MADRE CABRINI) Movie
Trailer:
www.youtube.com/watch

PELICULA ANTIGUA "CITIZEN SAINT" B/N completa (inglés):
www.youtube.com/watch (63 min.) se puede por Configuración y Subtítulos buscar el idioma que uno prefiera (ej: español)

Devastada, esta actriz descubrió a Dios a través de Chiara Corbella y que la vida estaba en darla

Cristina Odasso acaba de rodar para EWTN una película en la que protagoniza a Santa Francisca Cabrini

Javier Lozano / ReL

16 noviembre 2018

Historias de conversión

Cristina Odasso es una actriz italiana de 38 años con una larga trayectoria en el mundo del cine, la televisión y el teatro. Enamorada de la interpretación esta artista realiza también papeles en obras de carácter religioso, pues ella misma descubrió la capacidad de acogida de la Iglesia y el amor de Dios ahí.

Gracias a un sacerdote y a la joven Chiara Corbella, la joven en proceso de beatificación que se negó a recibir quimioterapia para salvar la vida del bebé que llevaba en su seno, esta actriz pudo descubrir que la vida está en dar, darlo todo, como Chiara, y no en recibir.

Una actriz que aprendió que dar era mejor que recibir

“Cuando la vida parece desmoronarse, la proximidad del Señor es una certeza”, asegura en una entrevista con el semanario Credere, tras haber ella misma experimentado esto.

Cristina, ahora casada y madre de dos hijos, protagoniza la comedia Nido d´amore y recientemente ha rodado la película Mother Cabrini, sobre Santa Francisca Cabrini. Reconoce que siempre ha sido una persona creyente pero no practicante. Nunca había cuestionado la existencia de Dios, pero tampoco se había interesado por Él. Vivía al margen de Dios.

Pero todo cambió, como le gusta llamarlo a ella, “la noche de mi comienzo”. Cristina cuenta que ya viviendo en Roma –es turinesa de nacimiento- aquella noche el hombre que consideraba el amor de sus vida le abandonó. “Fue terrible, me sentía en la total oscuridad, sola y abandonada. Habría dado cualquier cosa para cambiar la realidad, quería arreglar todo y que siguiera como estaba”, recuerda.

Una luz en la oscuridad

Una amiga suya sabiendo por la difícil situación que estaba viviendo fue a verla y la invitó a las catequesis que el conocido sacerdote Fabio Rosini daba sobre los diez mandamientos. Cristina explica que “no era la primera vez que me ella me proponía un camino espiritual, pero esta vez acepté porque tenía sed de paz y amor. Ese día descubrí el gozo de la cercanía de Dios”.

Nunca olvidará lo que escuchó aquel día. “La catequesis hablaba del amor de Dios –explica ella- y fue como quitarme un velo de los ojos. Por primera vez sentí que Dios estaba cerca y me amaba: mi vida también podía romperse, pero esto no me arrancaría la posibilidad de ser feliz porque Dios me amaría de todos modos, aunque la realidad de mi vida pareciera una locura”.

Cristina está convencida de que Don Fabio fue el “primer gran encuentro” que permitió que su fe se encarnara, pues “acercó a Dios a mi vida y mi corazón al Señor”.

Su encuentro con Chiara Corbella

El segundo gran encuentro con el Señor lo propició el conocer y tratar a Chiara Corbella Petrillo, la joven fallecida en 2012 que a través de una impresionante vida de fe (puede conocer aquí su historia) decidió no recibir la quimioterapia por un cáncer que la detectaron hasta no dar a luz a su hijo. Finalmente, el cáncer avanzó y falleció pero durante todo ese tiempo fue una evangelizadora arrolladora a través de su testimonio de vida.

“Me sorprendió su desprendimiento con respecto a las cosas: ella se donaba sin retener nada para sí misma, ni siquiera la vida misma. Yo siempre había luchado con la necesidad de posesión hacia las personas y los afectos. No era casualidad que a menudo entrara en crisis llorando porque ‘no me amaban lo suficiente’. Chiara cambió mi forma de pensar. Ella estaba en constante diálogo con Dios y repetía que la posesión era lo opuesto al amor. Era cierto, yo quería poseer a las personas y al final no las amaba”, confiesa esta actriz italiana.

Chiara falleció en el año 2012 y su proceso de beatificación ya está en marcha

Una afectividad mucho más ordenada

Esta búsqueda enfermiza del amor y de sentirse querida, explica Cristina, cree que “tenía que ver con la inquietud existencial”. Se crió en una familia amorosa que la quería, pero nunca era suficiente para ella. “Sólo cuando sentí el amor de Dios experimenté la felicidad plena”, asegura.

Antes buscaba el amor en hombres equivocados y en relaciones tóxicas, porque a veces –agrega- “buscamos el bien donde no lo hay”.

Finalmente, encontró al amor de su vida, pero no antes de que tuviera que pasar por un desierto personal de cuatro años que la ayudó a conocer lo que había en su corazón. Quería un esposo, pero éste no aparecía. “Admito que metí algo de prisa a Dios.

Me preguntaba cuándo me haría encontrar a la persona adecuada, porque no había nada en el horizonte. Fue un periodo largo y difícil, pero útil: aprendí a aceptar la realidad tal y como es, sin querer cambiarla. Conocí la serenidad. En ese momento conocí a Antonio, y después de un año y ocho meses nos casamos”.

Tampoco faltaron las pruebas en su noviazgo, que además no fue demasiado largo. Cristina considera que “nuestra decisión no fue imprudente, después de sólo cinco meses de noviazgo tuvimos que enfrentarnos a una gran prueba, un problema de salud de mi esposo, afortunadamente resuelto de manera positiva forjó esta opción de estar juntos y acelerando nuestra relación. El sufrimiento y la enfermedad te hacen más sensible, te hacen ir al fondo de las cosas. Además, tanto Antonio como yo estábamos convencidos sobre esto. Tuvimos una ‘intuición’ de la eternidad’”.

Fuente: www.religionenlibertad.com/…/Devastada-esta-…

Santa
Francisca Javier Cabrini
(1850-1917)


Patrona de los Emigrantes
y
Fundadora de las Misioneras
del Sagrado Corazón


"No olvidemos que seguimos al Buen Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, que es manso y humilde de corazón. Jamás echemos una cucharada de amargura en la vida de los demás. No seamos duras ni bruscas con nadie. Que los que nos traten se vayan siempre contentos de haber sido tratados amablemente por nosotras".

SU VIDA

La Madre Cabrini fué la menor de una familia de trece hijos. Nació cerca de Pavia, Italia, en el año 1850.
Una de sus hermanas mayores era maestra de escuela y la formó en la estricta disciplina, lo cual le fue muy útil después para toda su vida.
Desde muy pequeña al oír leer en su familia la Revista de Misiones, adquirió un gran deseo de ser misionera. A sus muñecas las vestía de religiosas, y fabricaba barquitos de papel y los echaba a las corrientes de agua y les decía: "Por favor, vayan a países de misiones a llevar ayudas". Para apagarle un poquito su gran deseo de irse de misionera le dijeron que en tierras de misiones no había dulces ni caramelos, entonces empezó a privarse de los caramelos que le regalaban, para irse acostumbrando a no comer dulces.
A los 18 años obtuvo el grado de profesora. Quiso entrar de religiosa en una comunidad pero no la aceptaron porque era de constitución muy débil y de poca salud. Pidió entrar a otra comunidad y tampoco la aceptaron por las mismas razones. Entonces se fue de maestra a una escuela que dirigía un santo sacerdote, el Padre Serrati.
Y aquél sacerdote se dio cuenta muy pronto de que la nueva maestra de su escuela tenía unas cualidades muy especiales para hacerse querer del alumnado y lograr que sus discípulas se volvieran mejores. Y la recomendó para que fuera a dirigir un orfanato llamado de la Divina Providencia, el cual estaba a punto de fracasar por no tener personas bien capaces que lo dirigieran. Al Sr. Obispo le pareció que era una excelente directora y hasta le aconsejó que tratara de fundar una comunidad de religiosas para que le ayudaran en el apostolado.
El Sr. Obispo le dijo un día: "Me dice que su gran deseo ha sido siempre ser misionera. Pues le aconsejo que funde una comunidad de misioneras. Yo no conozco ninguna comunidad para esa labor tan santa y admirable".
Y Francisca reunió siete compañeras de trabajo y con ellas fundó en 1877 la Comunidad de Misioneras del Sagrado Corazón. A los 10 años de fundada la comunidad fue a Roma a tratar de obtener la aprobación para su congregación, y el permiso para fundar una casa en Roma. En la primera entrevista con el Cardenal Parochi, Secretario de Estado, éste le dijo que la comunidad estaba muy recién fundada y que todavía no se le podían conseguir semejantes permisos. Pero el Cardenal quedó tan admirado de la bondad y santidad de la fundadora que en la segunda visita ya le dio la aprobación y le pidió que en Roma fundara no sólo una casa para niñas huérfanas, sino dos: una escuela y un orfanato.
En aquel tiempo eran muchísimos los italianos que se iban a vivir a Norteamérica, pero allí, por falta de asistencia espiritual corrían el peligro de perder la fe y abandonar la religión. El Arzobispo de Nueva York le pidió personalmente que enviara sus religiosas a ese país a enseñar religión. Ella estaba dudosa porque más bien deseaba que se fueran al extremo oriente, a China. Pero consultó con el Sumo Pontífice León Trece y él le dijo: "No a oriente, sino a occidente". Con esto entendió que sí debían ir a Norteamérica.

NUEVA YORK

El 31 de marzo de 1889 Santa Francisca llegó con seis de sus religiosas a Nueva York.
A Nueva York y sus alrededores habían llegado recientemente unos 50,000 italianos. La mayoría de ellos no sabían ni siquiera los diez mandamientos. Sólo 1,200 iban a misa los domingos.
Al llegar a Nueva York se encontraron con que las señoras que habían prometido ayudar a conseguir la casa para ellas no habían conseguido nada, y tuvieron que pasar su primera noche en un hotelucho de mala muerte, sucio y destartalado. Y al presentarse al arzobispo éste les dijo desanimado: "No se les pudo conseguir casa. Así que lo mejor que pueden hacer es devolverse otra vez a Italia". Pero la Madre Francisca, que era valiente y tenía una gran fe, le respondió: "No, señor arzobispo, el Sumo Pontífice nos envió para acá, y acá nos vamos a quedar". El arzobispo se quedó admirado del valor de la monjita y del apoyo que le ofrecían a ella desde Roma y les consiguió entonces alojamiento en una casa de religiosas.
Y a los pocos meses ya la Madre Cabrini había logrado conseguir una buena casa, buscando ayudas entre los bienhechores, y poco antes de un año ya pudo ir a Italia, llevando las dos primeras novicias norteamericanas para su comunidad. De vuelta se trajo varias religiosas más y fundó su primer gran orfanato junto al Río Hudson.
La comunidad empezó a extenderse admirablemente en Italia y en América. La Madre Cabrini en penosos y largos viajes fundó una casa en Nicaragua y otra en Nueva Orleáns. En esta ciudad norteamericana los italianos vivían en condiciones infrahumanas, y la presencia de las misioneras fue de enorme provecho para esas pobres gentes.
Las grandes obras que emprendió demuestran que Francisca Cabrini fue una mujer extraordinaria. Su inglés lo hablaba con acento italiano lo que le concedía una gracia especial, y que en cualquier parte donde llegaba la señalaba como una extranjera. Pero ello no le impidió ser amada y estimada por toda clase de personas en los Estados Unidos. Los que trataban con ella de asuntos económicos (en grande escala muchas veces) se quedaban admirados de las capacidades tan impresionantes que esta mujer tenía para salir adelante aun con las obras más difíciles.
Era sumamente disciplinada, como desde muy pequeñita le había enseñado a ser su hermana. Algo que nunca pudo aceptar fue que la gente abandonara la religión católica, que es la verdadera, para irse a formar parte de sectas protestantes que enseñan tantos errores. Esto la hizo sufrir mucho, porque en Norteamérica, los católicos eran una escasa minoría y los protestantes, halagándolos con ofertas económicas, los hacían pasarse a sus sectas y al par de años, como esas religiones quitan todas las devociones, se volvían unos verdaderos paganos, sin más dios que el dólar. Contra ésto luchó ella fuertemente durante toda su vida.
Otro pecado contra el cual luchaba duramente era el concubinato, la unión libre. Y hasta llegó a prohibir que en sus colegios recibieran a las hijas de los que públicamente vivían dando escándalo por su concubinato o su unión libre. Muchos la criticaban por esto, pero su conciencia no le permitía dejar en paz a los que hacían pública profesión de pecado. No aceptaba el vivir sirviendo al mismo tiempo a Dios y al diablo.
La Madre Cabrini había nacido para gobernar. Procuraba vivir al día con las buenas ideas modernas y no se cerraba a lo nuevo por puro capricho por lo pasado. Pero lo nuevo que era escandaloso lo rechazaba valientemente sin más ni más. Era inflexible para hacer cumplir los reglamentos y para exigir buen comportamiento, pero al mismo tiempo se hacía amar por su gran bondad. A sus religiosas les repetía: "No olvidemos que seguimos al Buen Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, que es manso y humilde de corazón. Jamás echemos una cucharada de amargura en la vida de los demás. No seamos duras ni bruscas con nadie. Que los que nos traten se vayan siempre contentos de haber sido tratados muy amablemente por nosotras".
En 1892, al cumplirse el cuarto centenario del descubrimiento de América, fundó en Nueva York una gran obra: "El hospital Colón". Luego fundó nuevas casas de su comunidad en Costa Rica, Brasil, Buenos Aires, Panamá, Chile e Italia. Cuando le decían que no emprendiera la fundación de una obra porque iba a encontrar enormes dificultades, respondía: "Pero, quién es el que va a llevar esta obra al éxito: ¿nosotras o Dios?", y emprendía la fundación.
Durante doce años estuvo viajando por diversos países fundando casas de su congregación. Ella podría ser nombrada patrona de los viajeros internacionales. Y en su tiempo el viajar era mucho más complicado y difícil que ahora. Su amor por los pobres y su deseo de salvar almas y de hacer conocer y amar más a Dios la llevó de un sitio a otro del mundo, aunque fueran muy distantes. De Río de Janeiro a Roma, de Francia a Inglaterra y de Italia a Norteamérica. Todo por extender el reino de Dios.
La comunidad, que había empezado con ella y siete hermanas, ya contaba con mil religiosas, enseñando en escuelas gratuitas y orfanatos, y atendiendo en hospitales y otras obras de caridad. Hasta los presos de la peor cárcel de Estados Unidos, la cárcel de Sing-Sing, la proclamaban su bienhechora.
Durante los últimos siete años se sentía muy agotada y con una salud muy deficiente pero no por eso dejaba de trabajar incansablemente promoviendo sus obras de caridad y de evangelización. Y el 22 de diciembre de 1917 murió de repente, más quizás por agotamiento de tanto trabajar, que por edad, pues sólo tenía 67 años. Sus restos se conservan en el colegio Cabrini en Nueva York.
Ella fue la primera ciudadana norteamericana declarada santa por el Sumo Pontífice. Nadie que no hubiese tenido una gran santidad y un inmenso amor a Dios y al prójimo habría podido llevar a cabo obras tan grandes como ella logró realizar.

ORACIÓN:

Santa Francisca Javier Cabrini: te pedimos por
todos los americanos, los del norte y los del sur, y
por toda la juventud en peligro. No dejes de trabajar y de interceder en el cielo por los que todavía
luchamos con peligros en esta tierra.
Fuente: www.ewtn.com/…/Francisca_Javie…
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