Clicks16

J. Brahms: Concierto para piano y orquesta nº 2 en Si bemol mayor

jamacor
1
Desde el Teatro Monumental de Madrid Juan Pérez Floristán, piano Orquesta Sinfónica RTVE Programa: Johannes Brahms: Concierto para piano y orquesta nº 2 en Si bemol mayor Miguel Ángel Gómez-Martín…More
Desde el Teatro Monumental de Madrid

Juan Pérez Floristán, piano

Orquesta Sinfónica RTVE

Programa: Johannes Brahms: Concierto para piano y orquesta nº 2 en Si bemol mayor

Miguel Ángel Gómez-Martínez, director
En la primavera de 1878, Brahms viajó a Italia con sus amigos Karl Goldmark y Theodor Billroth. Tres años más tarde, volvió Brahms a visitar Italia (la segunda de sus ocho giras) y regresó a Pressbaum para el 22 de mayo. En esta pequeña villa próxima a Viena, concluyó su Concierto para piano n.° 2 en si bemol mayor, op. 83, el 7 de julio de 1881. Ese mismo día escribió a Elizabeth von Herzogenberq: "No tengo pudor en decirle que he escrito un concierto de piano flojo, muy flojo; con un scherzo flojo, muy flojo. Está en la tonalidad de Si bemol y tengo razones para temer que he urgido esta ubre —que anteriormente ha dado buena leche— demasiado a menudo y demasiado vigorosamente." La exigida "ubre" rindió uno de los más extensos y más ambiciosos conciertos en la historia de la música.
Brahms tocó "el largo terror" (como llamaba a su nueva creación) con Ignaz Brüll, a dos pianos y en presencia de "las víctimas" Billroth y Hanslick. Habiendo sido recibido en forma favorable, Brahms llamó la atención de Hans von Bülow sobre su opus 83. Bülow, director musical de la corte de Meiningen desde 1880 y ex adepto de Wagner (cuya primera esposa sucumbió a los encantos del autor del Tristan e Iseo once años antes), era uno de los más extraordinarios directores de su tiempo y se hallaba al frente de una de las primeras orquestas europeas. Profundamente impresionado con la música de Brahms —particularmente con la Sinfonía n.° 1—, Bülow puso su orquesta a disposición del compositor para los ensayos de sus nuevas creaciones sinfónicas. Después del estreno del Concierto para piano n.° 2 en si bemol mayor, op. 83 en Budapest, el 9 de noviembre de 1881, Brahms lo dio a conocer en Meiningen el 27 de noviembre, actuando como solista bajo la dirección de von Bülow.
La mayoría de los críticos convinieron en que no se trataba de un concierto en el sentido corriente. Hanslick lo describió como una "sinfonía con piano obligado"; otros lo llamaron "música de cámara en gran escala". Hay algo de verdad en ambos puntos de vista, pero ninguno de ellos nos da el panorama completo.

Apartándose de los tres movimientos habituales en todo concierto clásico, Brahms agregó un cuarto, en forma de scherzo. Cuando se le interrogó al respecto contesto: "Bueno, como ven ustedes, el primer movimiento es demasiado simple". Como de costumbre, el músico estaba subestimando la importancia de sus composiciones. Desde el comienzo, el concierto asume proporciones sinfónicas. Los temas son tratados de conformidad a un estricto modelo clásico. Con la inventiva de un Schubert, Brahms introduce no menos de siete melodías en el primer movimiento, y a continuación se lanza a una maravillosa serie de entrelazados temáticos, en un tour de force no sobrepasado hasta el presente. El Scherzo, un allegro appassionato, es en la clave contrastada de Re menor, descrito por Brahms, como un "pequeño scherzo"; el segundo tiempo se abre con un tema apasionado para piano solo. No tan intrincado como el primer movimiento, el scherzo no es por ello menos intenso y rico en hallazgos. Un tema en unísono para cuerdas es opuesto a la vigorosa apertura y expandido por el piano, que reintroduce el primer tema bajo un ropaje más lírico. Se hace presente una tercera melodía, de textura un tanto heroica. Con gran habilidad contrapuntística Brahms desarrolla su material en una de sus más sucintas y perfectamente balanceadas expresiones. Por último hallamos un episodio de reposo en el tercer movimiento, Andante, que comienza con un solo de cello sobre una melodía que posteriormente el autor utilizó en su canción Immer leiser wird mein Schlummer ("Siempre más quedo se hace mi sueño"). El piano entra en los dos últimos compases del tema inicial, con varios meditativos arpegios. Pronto la placidez se quiebra con un incansable diálogo entre el solista y los "tutti". Y luego, tras una inesperada modulación, nos encontramos frente a una nueva melodía que según la poética descripción de Tovey "consisten en unas pocas notas espaciadas como las primeras estrellas que pueblan los cielos en el crepúsculo". Sigue una recapitulación del primer tema, esta vez con comentarios del piano. Aún los más grandes compositores, ocasionalmente, nos han dejado insatisfechos con los movimientos finales de obras fundamentales. En el cuarto movimiento del segundo concierto, sin embargo, Brahms nos proporciona el broche adecuado sin perder de vista el largo recorrido que se halla a punto de completar. Cuatro rutilantes temas, pasan del solista a los coros instrumentales para concluir una de las más geniales creaciones del repertorio de conciertos.
perceo3 likes this.