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El Cid

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Entre septiembre y octubre del año 1094 se dio la batalla de cuarte, tras haber conquistado el Cid la ciudad de Valencia, entre las fuerzas de Rodrigo Díaz el Campeador y el Imperio almorávide. …More
Entre septiembre y octubre del año 1094 se dio la batalla de cuarte, tras haber conquistado el Cid la ciudad de Valencia, entre las fuerzas de Rodrigo Díaz el Campeador y el Imperio almorávide. Hacia el 15 de septiembre Muhammad sitió la ciudad, pero Rodrigo salió a romper el cerco en batalla campal obteniendo una victoria decisiva que rechazó a los almorávides y aseguró su principado valenciano. Rodrigo Díaz de Vivar, mio cid Campeador, Príncipe de Valencia fue un caballero castellano que llegó a dominar al frente de su propio ejército el Levante de la península ibérica a finales del siglo XI de forma autónoma respecto de la autoridad de rey alguno. España había quedado fuera del gran movimiento de las Cruzadas, por orden del papa, los Españoles debían luchar contra los Moros, sin abandonar la península, allí hubo una guerra dura y terrible contra el islam, cruzada perpetua empezada con Don Pelayo en las montañas asturianas (711), y que acabaría en 1492, después de una lucha de ocho siglos. El rey Alfonso VI, que lo había desterrado injustamente, solicitó la ayuda del Cid cuando los reinos cristianos estaban en apuros, por los ejércitos de Yusuf, el fundador de Marruecos, que había desembarcado en España. El Cid y sus tropas no llegaron a tiempo. Cuando llegaron Yusuf se había retirado sin combatir, sin embargo se le considero traidor. Alfonso confiscó todas sus posesiones, encarceló a su esposa e hijos, y de nuevo lo desterró para sus dominios. Deshonrado y sin fortuna el Cid se enteró que los moros habían expulsado a los cristianos de Valencia y se habían hecho con la posesión de la ciudad, decidió recuperar la ciudad y hacerse señor de ella. Sus restos se trasladaron al monasterio de San Pedro de Cardeña muy cerca de Burgos, donde descansan ahora. El rey Felipe II propuso al papa su canonización quinientos años más tarde. Enrique IV le citaba como: «El bienaventurado y santo caballero Rodrigo Díaz de Vivar» Los reyes católicos también lo consideraban santo, Cisneros besó arrodillado los huesos del Cid, lo mismo hizo el Cardenal Belloch en 1921
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