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San Crispín de Viterbo, primer canonizado por Juan Pablo II - el 19 de mayo

Irapuato
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diócesistv fecha: 19 de mayo n.: 1668 - †: 1750 - país: Italia otras formas del nombre: Pietro Fioretti canonización: B: Pío VII 7 sep 1806 - C: Juan Pablo II 20 jun 1982 hagiografía: «Francis…More
diócesistv fecha: 19 de mayo

n.: 1668 - †: 1750 - país: Italia
otras formas del nombre: Pietro Fioretti
canonización: B: Pío VII 7 sep 1806 - C: Juan Pablo II 20 jun 1982
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.

Elogio:
En Roma, san Crispín de Viterbo, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que mientras recorría los pueblos de las montañas para mendigar limosna, enseñaba los rudimentos de la fe a los campesinos.

Oración: Sonriente san Crispín, ayúdanos a despojarnos del miedo a la alegría, destierra en nosotros el opaco y grisáceo comportamiento y haz que entre los cristianos estén bien vistas las carcajadas. Toda tristeza es indigna de la Pascua eterna. Amén.

Crispín, en el bautismo llamado Pedro, nació en Viterbo de una modesta familia el 13 de noviembre de 1668, recibió de sus padres Ubaldo y Marcia Fioretti, una profunda educación cristiana. frecuentó los primeros años de la escuela y, aunque débil de constitución, se impuso pronto voluntarias penitencias y se dedicó al trabajo como aprendiz de zapatero. Deseoso de llevar una vida austera y consagrada a Dios, el 22 de julio de 1693 fue admitido en el noviciado en el convento de los Hermanos Menores Capuchinos de Palanzana, cerca de su ciudad natal. Hecha la profesión religiosa al año siguiente, fue destinado a ayudante de cocina en el convento de la Tolfa. Eligió el nombre de Crispín por el patrono de lso zapateros.

Su personalidad de asceta, su estilo de juglar del buen Dios y de nuestra Señora se manifestaron pronto, dondequiera fuese. Amante de la pobreza, dotado de un ánimo generoso y sensible a las manifestaciones de gozo, pleno de caridad y de preocupación fraterna por los pecadores, los pobres, los encarcelados, los niños abandonados, sabía ser útil y agradable en los diversos oficios: era al mismo tiempo hortelano, enfermero, cocinero y limosnero. Jovial por temperamento y por coherencia con el ideal franciscano, sabía hacer amar la virtud y consolar a los que sufrían: con edificante simplicidad entonaba canciones y construía altarcitos para honrar a nuestra Señora, su «Madre y Señora dulcísima», componía versos y recitaba poesías. A un cohermano que le reprochaba este modo de actuar como inconveniente a su estado, le respondió: «Yo soy el heraldo del gran Rey! Déjame cantar como cantaba San Francisco. Estos cantos producirán bien en el ánimo de quien escuche. Pero siempre con la ayuda de Dios y de su gran Madre».

Tenía un tacto especial para acercarse a los que sufrían, enfermos, y débiles, y a él se acercaba toda clase de personas para encomendarse a sus oraciones y pedirle consejo. Su ilimitada confianza en la Divina Providencia y su unión con Dios fueron a menudo premiadas con milagros y carismas. Lo buscaban para aconsejarse inclusive prelados, nobles y doctos, no cambiaba su actitud humilde y modesta. Después de jornadas de intenso trabajo se refugiaba siempre en la oración ante el Santísmo Sacramento o a los pies de la Virgen. Agotado por el cansancio y las penitencias pasó sus últimos años en Roma, en el convento de la Santísima Concepción, en la Vía Vittorio Véneto.

El cardenal Trèmouille, embajador del rey de Francia, gravemente enfermo, hizo llamar a sí al santo religioso, quien lo curó con sus oraciones. Mientras un día Clemente XIV escuchaba la misa en la iglesia de los Capuchinos, su camarero fue aquejado de gravísimos dolores, fenómeno que le sucedía con frecuencia y ningún médico había logrado remediarlo. Crispín lo condujo al altar de la Virgen y la curación fue instantánea.

A los 82 años de edad, el 19 de mayo de 1750 murió serenamente, tras lo cual llegó una turba de devotos deseosos de verlo y de tener alguna reliquia suya. Los milagros se multiplicaron. Fue beatificado en 1806 y canonizado por SS Juan Pablo II el 20 de junio de 1982; fue la primera canonización de este Papa.

En el Directorio Franciscano pueden leerse biografías más extensas y detalladas del santo (varias «Vidas» por distintos autores, y una también de autor, pero contada en primera persona), así como la versión castellana de la homilía de SS Juan Pablo II en la misa de canonización.
fuente: www.franciscanos.net/santoral/
dvdenise
Egli, autentico figlio di Francesco d’Assisi, offre alla nostra generazione, spesso inebriata dai suoi successi, una lezione di umile e fiduciosa adesione a Dio ed ai suoi disegni di salvezza; di amore alla povertà ed ai poveri; di ubbidienza alla Chiesa; di affidamento a Maria, segno grandioso di misericordia divina anche nell’oscuro cielo del nostro tempo, secondo il messaggio …More
Egli, autentico figlio di Francesco d’Assisi, offre alla nostra generazione, spesso inebriata dai suoi successi, una lezione di umile e fiduciosa adesione a Dio ed ai suoi disegni di salvezza; di amore alla povertà ed ai poveri; di ubbidienza alla Chiesa; di affidamento a Maria, segno grandioso di misericordia divina anche nell’oscuro cielo del nostro tempo, secondo il messaggio incoraggiante scaturito dal suo Cuore Immacolato per la presente generazione.

Eleviamo la nostra preghiera al nostro Santo che ha raggiunto la gioia definitiva del cielo dove non esiste “né morte, né lutto, né affanno, perché le cose di prima sono passate” (Ap 21,4).

O san Crispino, allontana da noi la tentazione delle cose caduche ed insufficienti, insegnaci a comprendere il vero valore del nostro pellegrinaggio terreno, infondici il necessario coraggio per compiere sempre tra gioie e dolori, tra fatiche e speranze, la volontà dell’Altissimo.

Intercedi per la Chiesa e per l’umanità intera, bisognosa di amore, di giustizia e di pace.

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Fils authentique de François d’Assise, il offre à notre génération, souvent enivrée par ses succès, une leçon d’adhésion humble et confiante à Dieu et à ses projets de salut; d'amour pour la pauvreté et les pauvres; d'obéissance à l'Église; de confiance à Marie, signe grandiose de la miséricorde divine même dans le ciel sombre de notre temps, selon le message encourageant de son Coeur Immaculé pour la génération actuelle.

Nous élevons notre prière à notre saint qui a atteint la joie définitive du ciel où il n'y a "ni mort, ni deuil, ni angoisse, car les choses du passé sont passées" (Ap 21,4).

Ô Saint Crispinus, éloigne-nous de la tentation de choses éphémères et insuffisantes, enseigne-nous à comprendre la vraie valeur de notre pèlerinage terrestre, insuffle le courage nécessaire pour toujours accomplir la volonté du Très-Haut entre joies et peines, entre dur labeur et espoir.

Intercédons pour l'Eglise et pour toute l'humanité, dans le besoin d'amour, de justice et de paix.

Saint Jean-Paul II, priez pour nous.
Saint Crispinus, priez pour nous.
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