La obra que tienen en sus manos es la HISTORIA DE LA VIDA, TRASLACIÓN Y MILAGROS DE SAN NICOLÁS DE BARÍ ARZOBISPO DE MIRA, PATRÓN Y PROTECTOR DE LOS REYES Y REYNOS DE NÁPOLES, recopilada por EL MAESTRO FRAY PABLO DE SAN NICOLÁS, Cronista general del Orden de San Gerónimo.
Extrañarás piadoso y devoto Lector mío, que un hombre tan ocupado con las tareas continuas del Púlpito y los volúmenes que voy dando a luz de la Historia Eclesiástica y Monástica, obra laboriosa que prosigo con más de cuarenta años de estudio, salga ahora con escribir la vida y milagros de San Nicolás de Bari, el Taumaturgo y el Magno. Es natural que lo extrañes, porque yo mismo que la he escrito lo extraño con razón.
La causa de esta empresa surgió a finales de agosto del año de 1732. Mientras el autor se hallaba ocupado corrigiendo la impresión de mi décimo tomo de siglos y escribiendo el tomo decimotercero en que la obra prosigue, un venerable Sacerdote se presentó. Este sacerdote, devoto y congregante de la Congregación del Santo, me dijo que la Congregación y él deseaban que se escribiese e imprimiese una historia de la vida y milagros del Santo, ya que no se hallaba sino en los Flos Sanctorum y allí muy corta. Sabiendo que mi nombre era Fr. Pablo de San Nicolás, me suponía muy devoto del Santo y me pedía que me encargase de esta obra que tanto deseaban muchos.
Confieso que al oír tan no esperada propuesta, me sorprendí. Sin embargo, haciendo reflexión sobre mí, y revolviendo lo que yo debo al Santo, me parecía que no me hablaba aquel venerable Sacerdote sino el mismo San Nicolás. Apenas mi vida contaba un año de edad me acometieron unas calenturas que me pusieron a las puertas de la muerte. Mis padres me tuvieron por muerto, pero mi madre, mujer piadosa, me echó unas gotas de agua de San Nicolás —que había sanado a otro enfermo en la vecindad—, y al punto reviví, abriendo los ojos y riéndome. Posteriormente, siendo niño de tres a cuatro años, tomé veneno (solimán) pareciéndome confites, cayendo mortal. Mi madre acudió a San Nicolás, ofreciéndome a él, y que si me daba vida me inclinaría á ser religioso. Todo fue uno: yo arrojé todo el veneno y quedé tan bueno, confirmando la promesa que había hecho mi madre. Finalmente, cumplidos los quince años, determiné ser religioso y en la profesión tomé el nombre de mi patrón San Nicolás.
Tan favorecido he sido del Santo, que en todos mis trabajos como suyo me ha defendido y guardado. Ante estas consideraciones, di el sí, y dejando cuanto tenía entre manos, me apliqué a revolver libros, y a buscar noticias con tanta sedulidad que no lo he dejado de la mano.
No mires, pues, piadoso y devoto lector, esta obra como mía, sino como de San Nicolás, que quiere por medio tan improporcionado y despreciable como yo, que se extienda su devoción. No busques en esta obra elegancias y erudiciones sino verdades. Léela con devoción a San Nicolás, y podrá ser que te agrade. Como dice San Pedro Damiano, este es Nicolás cuyos milagros se difunden por toda la extensión del mundo, y el orbe de la tierra y los que habitan en ella lo alaban. Es glorificado en el mar, alabado en la tierra, invocado en todos los peligros.