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Santo Evangelio y Lecturas // SANTA ESCOLÁSTICA Virgen. SAN JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO Mártir Cristero

10 de febrero del 2025
10 lunes
Rojo/Blanco

Memoria, SAN JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO, Mártir Mexicano * o SANTA ESCOLÁSTICA, Virgen,
MR p. 883 [922] [Oración Colecta propia] / Lecc. I p. 584

ANTÍFONA DE ENTRADA

Este santo luchó hasta la muerte por la ley de Dios y no se aterrorizó ante la amenaza de los impíos, pues estaba afianzado sobre roca firme.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que otorgaste la palma del martirio a San José Sánchez del Río al profesar y defender con su sangre la fe en Cristo, Rey del Universo. Concédenos, por su intercesión, alcanzar la gracia de ser como él: fuertes en la fe, seguros en la esperanza y constantes en la caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

[Dios dijo y así fue.]
Del libro del Génesis 1, 1-19
En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día” y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día. Dijo Dios: “Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras”. E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana del segundo día.’ Dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco”. Y así fue. Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
Dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 103

R. Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R.
Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en los montes concentraste. R.
En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto al arroyo vienen a vivir las aves, que cantan entre las ramas. R.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría! La tierra está llena de tus creaturas. Bendice, al Señor, alma mía. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 4, 23

R. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba la buena nueva del reino y curaba a la gente de toda enfermedad.
R. Aleluya.

EVANGELIO

[Cuantos tocaban a Jesús quedaban curados.]
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.
Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos. A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN: San Marcos nos describe con rasgos muy sencillos a Jesús, ocupado en recorrer todos los pueblos del territorio de Genesaret, mientras va sanando a muchos enfermos. Tanta era la fe en Él, que la gente estaba convencida de que les bastaba un casi “mágico” «tocar la punta de su manto» para reencontrar la salud. Muy pocas veces ellos se dan cuenta, sin embargo, de que esta su tan interesada y superficial “credulidad” no habría de ser suficiente para hacer nacer en su corazón la verdadera «fe». Lo que todos necesitaban era una fe viva y comprometida en la persona y en la misión de Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Santifica, Señor, con tu bendición, los dones que te presentamos, para que, por tu gracia, nos inflamen en aquel fuego de tu amor con el que san José Sánchez del Río venció en su cuerpo todos los tormentos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Mt 16, 24

El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y que me siga, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que el santo sacramento que recibimos, Señor, nos comunique aquella fortaleza de espíritu que hizo a tu mártir José Sánchez del Río fiel en tu servicio y victorioso en su pasión. Por Jesucristo, nuestro Señor.

* SAN JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO

Joselito, como se le llama también de cariño, nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo. Cuando en 1926 estalló la así llamada “Guerra Cristera”, sus hermanos se unieron a las fuerzas rebeldes al régimen, violento y anticristiano, que se había instaurado en el país. También José, con permiso de sus padres, decidió unírseles, en trabajos que no implicaban el uso de las armas. El 25 de enero de 1928, en el curso de una violenta batalla, fue capturado y llevado a su ciudad natal, donde fue encarcelado en la iglesia parroquial, que había sido profanada y devastada por los federales. Le hicieron la propuesta de huir para evitar la condena a muerte, pero él la rechazó. Durante su detención –y con el fin de hacerlo renegar de su fe para que pudiera salvarse– fue torturado y obligado a asistir al ahorcamiento de otro muchacho que estaba prisionero con él. Entonces le desollaron las plantas de los pies y lo obligaron a caminar hasta el cementerio. Allí, puesto ante la fosa donde sería enterrado, lo apuñalaron sin darle muerte, pidiéndole de nuevo que renegara de su fe. Pero José, cada vez que lo herían, gritaba: ‘¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!’. Por último, fue ejecutado con un disparo de arma de fuego. Era el 10 de febrero de 1928”. Tenía casi 15 años de edad. Tres días antes había escrito a su madre: ‘Resígnate a la voluntad de Dios. Yo muero contento porque muero al lado de nuestro Señor. En el cielo nos veremos’. El 20 de noviembre de 2005 había sido beatificado en la ciudad de Guadalajara por mandato de Benedicto XVI, junto con otros 11 siervos de Dios, encabezados por Anacleto González Flores y compañeros mártires.
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