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“Esperemos que el Tribunal Supremo ponga remedio a este escándalo”

“Esperemos que el Tribunal Supremo ponga remedio a este escándalo”

Por INFOVATICANA | 12 diciembre, 2019
Andrew Bolt, periodista de Sky News Australia, ha reconstruido meticulosamente los movimientos del cardenal Pell y los de su acusador, demostrando que la versión de la supuesta víctima de abusos no se sostiene. Y ante la revisión del recurso del cardenal dice: “Esperemos que el Tribunal Supremo ponga remedio a este escándalo”.

(NBQ)- El cardenal George Pell es inocente de la acusación que lo ha llevado a ser condenado por abusos. Lo demuestra una investigación realizada por Sky News Australia, que www.youtube.com meticulosamente los movimientos del purpurado y los de su acusador, basándose precisamente en el testimonio de este último. El autor de la investigación es un periodista australiano muy conocido, tanto en la prensa escrita como en la televisión: Andrew Bolt, que ha roto una lanza a favor del cardenal, cuya petición de revisión de la sentencia ha sido acogida por el Tribunal Supremo australiano.

Una toma de posición sumamente valiente, la de Bolt y Sky News, porque el clima de caza de brujas respecto a los sacerdotes católicos y a Pell ha llegado al súmmum, como se ha podido comprobar por los comentarios de otros periodistas, que han provocado además represalias contra la cadena televisiva por parte de los activistas.

En su alegato Andrew Bolt dice: “El recurso al Tribunal Supremo es la última posibilidad que tiene el cardenal Pell de ser reconocido inocente de la acusación de haber agredido a dos chicos del coro… Pero también es la última posibilidad, en mi opinión, para que un sistema judicial absuelva a un hombre inocente. Y el hecho de que el Tribunal Supremo haya decidido acoger su petición debería preocupar a dos de los tres jueces que le condenaron en agosto. En el pasado, el Tribunal Supremo observó lo peligroso que puede ser confiar demasiado en un aparente testimonio en lugar de centrarse en otros puntos que son, objetivamente, más importantes y fiables. Y esto es exactamente lo que ha sucedido. Porque los dos jueces de mayoría han considerado que el acusador decía la verdad. Pero, de hecho, su historía falta de credibilidad”.

Sigue Bolt, resumiendo todo el caso: “Pell ha sido acusado de haber molestado a dos chicos de trece años en una sacristía normalmente llena de gente después de misa, y con la puerta abierta. Y más increíble aún, según la acusación lo habría hecho a pesar de que otras personas han testificado que era su deber no dejarlo nunca solo hasta que no abandonaba el edificio. Y también han dicho que Pell estaba en la puerta de la iglesia hablando con los parroquianos, no en la sacristía. Y observen que todo esto se sostiene únicamente por la palabra, que no tiene respaldo de ningún tipo, de ese chico que dice haber sido víctima de abusos. Su compañero, que le dijo a su madre que no había sufrido abusos, ha fallecido”.

En el proceso de apelación dos de los jueces aceptaron la palabra del acusador -sin ningún tipo de prueba que le respaldara-, mientras que el tercer juez, Mark Weinberg, que tiene mayor experiencia penal que sus colegas, escribió más de doscientas páginas para oponerse a la decisión, afirmando que hay una posibilidad real de que Pell no cometiera el crimen del que ha sido acusado.

Sigue afirmando Bolt: “Pero iré más allá. No sólo es improbable que Pell haya atacado a esos dos chicos, sino que no habría podido cometer ese crimen por una razón muy simple, a saber: que el acusador afirma que estaba en el exterior de la catedral en el momento en que Pell, según los jueces, debería estar dentro cometiendo los abusos, si los abusos realmente han sido perpetrados”. Y sigue: “Ahora ustedes podrían replicar: ¿cómo es posible que sea tan sencillo y que los jueces no se hayan dado cuenta y que en cambio usted, un periodista, sí se haya percatado de esto?”. Responde Bolt: “Es verdaderamente sencillo y este es el escándalo”.

Bolt recuerda que según los jueces de la apelación, Pell habría tenido a disposición cinco o seis minutos de “oración privada” durante los cuales habría cometido el crimen por el que ha sido condenado. Sin embargo, Bolt demuestra que hay dos cosas que lo hacen imposible. La primera: el acusador ha afirmado que abandonó la procesión, que había salido por la puerta principal y estaba dando la vuelta a la catedral, para volver a la sacristía, a la que entró con su compañero por una pequeña puerta lateral, dirigiéndose ambos al armario donde se guardaba el vino para la misa, siendo sorprendidos por Pell, que habría abusado de ellos. Bolt demuestra (como se puede ver en el mapa: el verde es la cabeza de la procesión, el amarillo indica a los dos chicos) que es imposible: la cabeza de la procesión ya habría llegado a la sacristía en el momento en el que los dos chicos entraban, por lo que no habrían podido robar el vino y ser sorprendidos por Pell.

Además Bolt ha recorrido, cronometrándolo, el recorrido realizado por la procesión y ha descubierto que los dos muchachos habrían llegado al armario poco antes de que terminaran los cinco o seis minutos durante los cuales, según el jurado, Pell habría abusado de ellos. “Estos cinco-seis minutos, dice Bolt, habrían sido necesarios para ir del altar a la puerta principal y volver, pasando por el lateral de la catedral, a la sacristía”, que, como se ve en el mapa, está al fondo a la derecha. “Y, según el juez, este habría sido el único periodo de tiempo en el que Pell habría podido estar a solas con los chicos. Es la segunda cosa imposible”.

Después, Bolt pide perdón por haber utilizado tanto tiempo en dar la explicación, que el jurado no ha comprendido, y se lamenta de que “haya activistas que estén arremetiendo contra Sky porque pongo en evidencia los problemas increíbles de la condena del cardenal Pell. Pero, ¡demonios!, la justicia debe servir de algo en este país. Cada uno de nosotros, en este país, debería protestar cuando un hombre o una mujer son encarcelados por un crimen que no han cometido. Piensen en cómo se debe sentir el cardenal Pell, en su celda, cubierto de vergüenza. Pero recuerden: si cualquiera de ustedes fuera acusado injustamente y condenado injustamente, le gustaría que hubiera alguien que le defendiera de la masa”.

Y concluye: “Esperemos que el Tribunal Supremo ponga remedio a este escándalo”. Que, efectivamente, parece un caso clamoroso de mala justicia, como han dicho también otras personas en Australia, dado que ha bastado la palabra, sin respaldo de prueba alguna o de un testigo, de un único acusador para encerrar en la cárcel, con una acusación infamante, a un hombre que, entre otras cosas -y esta sería una anomalía extraordinaria-, en este tipo de crimen nunca tenido, ni antes ni después, un comportamiento como este.

Publicado por Marco Tosatti en la Nuova Bussola Quotidiana.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.