¨EL ESPÍRITU SANTO¨, del autor Ambrosio de Milán, es un tratado fundamental que marca un hito en la teología occidental. Ambrosio, uno de los grandes Padres de la Iglesia de Occidente, se convirtió en el primer autor occidental en escribir una obra dedicada por completo al tema del Espíritu Santo.
Nacido hacia el año 339 en Tréveris y formado como jurista en Roma, Ambrosio fue elegido obispo de Milán en el 374, donde se manifestó como un firme opositor del arrianismo. Esta obra dogmática, por lo tanto, surge en medio de las grandes disputas teológicas del siglo IV.
El propósito central de «EL ESPÍRITU SANTO» es demostrar, utilizando tanto la Escritura como la razón, que el Espíritu Santo es Dios. Este enfoque fue una respuesta directa a una petición del emperador Graciano, cuya carta autógrafa solicitando dicho tratado sirve como una recomendación para la obra. El emperador le había solicitado explícitamente a Ambrosio que lo convenciera de la divinidad del Espíritu "con argumentos de Escritura y de razón".
Al redactar este trabajo, que se finalizó poco antes del Concilio de Constantinopla en 381, Ambrosio se inspiró en la mejor teología griega disponible sobre el tema, logrando servir como un "punto de enlace y confluencia" para transmitir lo más selecto de la tradición oriental al mundo latino. En sus páginas, se manifiestan los diversos talentos de Ambrosio como pastor de almas, político, teólogo y místico.
La importancia de este libro radica en su clara formulación de la fe, insistiendo en que el Espíritu Santo no debe ser contado entre las criaturas, sino que está por encima de todas ellas, al poseer la unidad de la divinidad junto con el Padre y el Hijo. Es, en esencia, una profunda exposición bíblica impregnada de la Palabra de Dios.
Esta obra, cuya traducción es la primera que se publica en lengua castellana, ofrece un testimonio invaluable de la lucha por la fe Nicena a finales del siglo IV.