NOVENA A SAN BUENAVENTURA. DÍA 6.
Novena dispuesta y ordenada por Fray Juan Pinar, Predicador y Visitador de la Tercera Orden Franciscana en Murcia, e impresa en 1724 por José Cayuelas. Aprobada por Fray Domingo López OP el 20 de Abril de 1724, y con Imprimátur del Dr. Francisco Linero de Lezcano, Provisor y Vicario General del Obispado de Cartagena. El Acto de contrición proviene del Romancero Espiritual para reglarse el alma con Dios, dispuesto por Frey Lope Félix de Vega y Carpio para la Tercera Orden Franciscana, y reimpreso en Madrid por Pedro José Alonso y Padilla, librero de Cámara del Rey, en 1720.
COMENZAMOS: 5 de julio.
FINALIZAMOS: 13 de julio.
FESTIVIDAD VETUS ORDO: 14 de julio.
PRÓLOGO
Quisiera, devoto y discreto Lector, que estas razones que aquí con desaliño te propongo, si bien de mi corazón a este papel con todo afecto las traslado, de la eficaz Sabiduría del Seráfico Doctor San Buenaventura, elocuentes participarán, para que, a su devoción, alicientes te movieran. Hallarás pues, en este Santo, si la deseas encontrar, la buena suerte, o buena ventura, en buena forma. Si buscas luz que te dirija, ejemplo que te aliente, o asilo que te ampare; en él se halla en abundancia la luciente antorcha de Sagrada ciencia, la Evangélica Sal en sus heroicísimas acciones, para copiar extremadísimas virtudes y la defensa y protección contra las calamitosas adversidades con que mísero te afliges, si a esta Ciudad de Refugio que no se esconde a alguno te acoges. Es este Santo el tesoro del campo de la Iglesia, no ya escondido, sí de muchísimos hallado: todos, para decirlo de una vez, cuantos le buscan, si le buscan bien, lo encuentran, y con él logran, todos aquellos que le hallan, todo cuanto necesitan. Dígalo Italia, que le dio cuna en su Oriente, y dígalo Francia, que le ofreció túmulo en su Ocaso. Una y otra reciben amontonadamente sus favores, porque una y otra imploran continuamente sus piedades; y no falta en nuestra España quien con fervor santo le invoque en sus trabajos, y quien de su devoción la paga encuentre, con los consuelos: mas no está por acá esta devoción tan extendida, acaso porque no está tan publicada. Y mirando a este fin Santo, para el beneficio común que intento esta Novena, discreto Lector, te formo; en la que suplirá tu afectuosa piedad, lo que le falta de eficaz excitativa erudición; y la que ruego al Señor, que ceda en honra y gloria suya y de su Santísima Madre, en aumento del culto y veneración de nuestro Santo Doctor y sus raras maravillas, y en espirituales mejoras de las almas. Amén.
ADVERTENCIAS
Para dar principio a esta Novena, procure quien la haga, lo primero, Confesar y Comulgar el primer día que la empiece. Lo segundo, hacer propósito de ejecutar algunas buenas obras, en correspondencia de las que se previenen en cada uno de los días, las que antes ya estarán sabidas, porque se conozca si acaso pueden ser excitadas. Lo tercero, alentar, cuanto esté de su parte, la Fe y devoción al Santo, creyendo que por su intercesión concederá el Señor lo que se pide, si por ventura conviene, y tener gran seguridad de que, si no se consigue lo que especialmente se pretende, conmutará su Divina Majestad este favor en otro oculto beneficio que sea más de su agrado, según su eterno decreto. Finalmente, empezando esta Novena en Domingo, según el uso de otras de este Santo, lo tiene establecido, y para seguir el orden en otro predicado; puesto de rodillas delante de su Imagen, hecha la señal de la Cruz con atención, y hecho un Acto de Contrición con humildad, se ejecutará lo que se advierte en la forma que se sigue.
NOVENA A HONOR Y GLORIA DEL GLORIOSO PADRE SAN BUENAVENTURA, GENERAL DE LA RELIGIÓN DE SAN FRANCISCO, INQUISIDOR GENERAL DE ROMA, CARDENAL DE LA SANTA ROMANA IGLESIA, OBISPO DE ALBANO Y DOCTOR SERÁFICO
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar hasta la muerte, y cumplir lo que a Vos tengo ofrecido. Amén.
Este día está consagrado a la Pasión de nuestro Redentor y Maestro Jesucristo, y en él considerarás la ternura, fervor y compunción con que San Buenaventura tenía siempre presente esta Pasión dolorosa. Esta era la materia suave de su meditación, este el objeto dulce de sus afectos, viviendo su alma en el esfuerzo de tan dolorosas compasiones, y alentando su espíritu sin cesar en el ejercicio de estas lastimosas piedades, a que correspondieron premios portentosos en favores excesivos. Baste saberse uno que el mismo Santo declaró en el libro del Estímulo del amor Divino, que compuso. Dice, pues, así: «Como yo en una ocasión, me entrase por la Llaga del Costado de mi Señor Jesucristo, con los ojos abiertos, se me llenaron de su preciosa Sangre; y sin ver alguna otra cosa, empecé a entrar palpando con las manos, hasta penetrarme en las entrañas de su íntima caridad, donde abrazado y ligado con tan dulces lazos, no pude encontrar con la salida. Por eso tengo allí puesta mi morada, y allí como de los manjares que se alimenta, y es tanta la influencia de dulzuras, que no tengo palabras para explicarme».
—Considerarás esto, y en tu interior recogido, darás gracias al Señor por este favor ejecutado, y dirás a su Divina Majestad la siguiente Oración:
ORACIÓN
Piadoso Dios y Divino Redentor, que no contento con las afrentas de una Cruz y con los martirios de una Pasión, cada día saca nuevas inventivas vuestro amor para manifestar lo mucho que os debe el mundo: yo os doy gracias por el extraño favor que hizo vuestra piedad a San Buenaventura, pues con él nos aseguráis que las puertas que abrieron en vuestro Cuerpo nuestras culpas perseveran todas abiertas, para que entrando por ellas las almas, hallen el tesoro de las misericordias, el alivio de los trabajos, el consuelo de las aflicciones, el Oriente de la gracia, y todo el lleno de la dicha: y os suplico logre yo el aprecio digno de vuestra Pasión Sacrosanta, y me concedáis lo que pido en esta Novena, a mayor Gloria de vuestra Redención copiosa. Amén.
—Acabado esto, rezarás un Padre nuestro y un Ave María con Gloria Patri, en reverencia del piadoso sentimiento que el Señor comunicó de su Pasión a los Santos de su Iglesia, y singularmente a María Santísima, nuestra Señora, en cuyo Virginio cuerpo hicieron eco sensible todas las penas de Jesús su Hijo, lo que conoció el Seráfico Doctor, cuando mirando en su meditación a Jesús Crucificado, se volvió a ver a su Madre Santísima al pie de la Cruz, y confiesa él mismo, que no vio en su Majestad sino es bofetadas, salivas, azotes, heridas, espinas y clavos, etc., y luego dirás a San Buenaventura lo que se sigue:
Fénix amoroso, que de los aromas de la Pasión y leños de la Cruz, fabricasteis encumbrada Pira, en que abrasándoos con el ardor de tan Divino incendio volviese a renacer más Soberano, y logrando que aquel que antes por la salud de las Almas gustó de encerrarse en el Virginal Claustro de María, os recibiese místicamente en sus entrañas, os alimentaste de sus pechos, os levantaste en sus manos, os trajese en sus brazos, os comunicase la suavidad de sus labios en amorosos ósculos, cuando os albergó benigno en su amoroso y Divino Seno: yo os suplico, Santo mío, que en memoria de esta singular fineza, abríais los ojos de mi corazón, para que subiendo sin tropezar en mí mismo a la cumbre del Calvario, tenga impresa en mi corazón esta tragedia, para que nunca de mí se aleje su memoria, y que me alcancéis de la Majestad Divina, lo que pretendo en esta Novena, para mayor bien de mi alma. Amén.
—Luego harás al Santo tu principal petición; y porque todo bien que Dios a los hombres comunica, por las manos de la Reina de los Ángeles María se franquea; para el buen despacho, de parte de Dios en concederlo, y de parte de nuestro Santo, para pedirlo; se ha de implorar el auxilio de nuestra Purísima Reina, concluyendo todos los días la Novena, en esta forma:
ORACIÓN
Madre Purísima del Amor hermoso, que de los cándidos e inocentes labios de San Buenaventura recibisteis tantas alabanzas, formando especial coro su Seráfico espíritu para cantar vuestras grandezas: Por el amor ardentísimo que este devoto vuestro os tuvo, y por la Gracia con que en el primer instante de vuestra Inmaculada Concepción os adornó el Eterno Padre, os pido que intercedáis con su Divina Majestad, me concedáis perfecta devoción vuestra, imitación de las virtudes del Doctor Seráfico, lo que pido en esta Novena, y mucha gracia en esta vida, para que logre besar el trono de tus plantas en la otra. Amén.
—Rezarás una Salve a esta Soberana Reina. Este día procurarás dar una limosna al pobre más necesitado que vieres, para que a ti se te conceda lo que pides.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.