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Misa De Navidad o Misa de Gallo¡

Bottega
«El que era invisible en su naturaleza se hizo visible en la nuestra. Lo incomprensible quería ser comprendido; Él que Es antes del tiempo, empezó a Ser en el tiempo; el Señor del universo, velando …More
«El que era invisible en su naturaleza se hizo visible en la nuestra. Lo incomprensible quería ser comprendido; Él que Es antes del tiempo, empezó a Ser en el tiempo; el Señor del universo, velando su majestuosidad, ha recibido la condición de esclavo “Sermón de la natividad de Dios” Papa San León Magno año 450. Tanto la antigua liturgia tridentina, como la forma ordinaria moderna, tienen cuatro misas de Navidad: "Misa de vigilia", "Misa de noche", "Misa de la aurora" y "Misa del día", sin embargo, las antiguas Santas Misas de vigilia eran de carácter penitencial, con ornamentos morados como en Cuaresma, como preparación inmediata a la celebración de la fiesta. Por eso la primera lectura cita a Isaías cuando anuncia que “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierras de sombra, y una luz les brilló”. Sixto III (siglo V d.C.), introdujo la costumbre de celebrar en Navidad una vigilia nocturna, a medianoche, “en seguida del cantar del gallo”, "ante el pesebre", situado detrás del altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. Donde está el verdadero pesebre, traído de Belén. Esta expresión se debe a que los antiguos romanos denominaban el Canto del Gallo al comienzo del día, o la media noche. Se quedó con el nombre de Misa de Gallo la misa que se celebra a esta hora. El Evangelio es la aparición del ángel, que resplandecía sobre los pastores envuelto en una luz divina diciendo: «Escuchad os anuncio una gran alegría que es para todo el pueblo: Os ha nacido hoy un Salvador, que es el Cristo Señor, en la ciudad de David. Esto tendréis por señal: encontraréis al Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Lc 2 La segunda lectura de la Misa de Gallo revela el sentido de la encarnación. Dios, ha iluminado a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos sobria, justa y religiosamente en este siglo, aguardando la bienaventuranza esperada, y la venida gloriosa del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de todo pecado, purificarnos y hacer de nosotros un pueblo particularmente consagrado a su servicio y fervoroso en el bien obrar. Esto es lo que has de enseñar; y exhorta y reprende con plena autoridad. Pórtate de manera que nadie te menosprecie. Tit 2:11