02:57

*Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 18, 1-8).*
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: ‘Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario’. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: ‘Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme’”. Y el Señor dijo: “Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”.
*Palabra del Señor*.
*Comentario*
Jesús nos alienta a no dejar de orar, a tener esperanza y paciencia en la oración. Seguir orando, gritando, noche y día, hasta que por fin veamos que nuestra oración ha sido respondida, porque Dios escucha nuestro clamor y ve nuestro dolor.
*Oración introductoria*
Señor, quiero crecer en mi amor a Ti y a los demás; alimentar mi amistad contigo por medio de la oración humilde y perseverante. Ayúdame a buscar cumplir tu voluntad sobre mi vida, dejando que tus palabras modelen todo mi comportamiento. No permitas que el miedo me acobarde. Aumenta mi confianza, mi amor y mi fe.
*Petición*
Señor, ¡auméntame la fe y mi perseverancia en la oración!
*Meditación*
1.- Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. El mensaje de este texto del Éxodo para nosotros, los cristianos, es que debemos confiar en el Dios de Jesucristo, en nuestro Dios Padre misericordioso, y que mientras nosotros vivamos llenos del espíritu de Dios, del espíritu de Cristo, venceremos todas las dificultades y todas las tentaciones. Si Dios está con nosotros, nadie nos podrá vencer, ni la enfermedad, ni la muerte, porque el que vive en Cristo, muere y resucita con Cristo. Vivamos llenos del espíritu de Cristo y venceremos; si nos fiamos de nuestras propias fuerzas y no vivimos unidos a Cristo, seremos fácilmente vencidos por nuestros enemigos.
2.- Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Debemos hacer de la Escritura, principalmente de los Evangelios y del Nuevo Testamento, nuestro libro de cabecera. No sólo debemos conocer la letra del evangelio de Jesús, sino, sobre todo, impregnarnos de su espíritu, tratar de vivir según el espíritu de Jesús. Todos los cristianos debemos ser modelos de virtud y de obras buenas para los demás. Hoy día, más que corregir y reprender a los demás con palabras, debemos hacerlo con nuestras obras. Siendo, en definitiva, buenos cristianos, buenos discípulos de Cristo Jesús.
3. Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? Estar todo el día en oración con Dios es estar todo el día en diálogo permanente con Dios. No tanto, no sólo, con el pensamiento, sino con nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestras obras. Para expresar nuestra amistad a un amigo no es necesario que nos pasemos todo el día diciéndole al amigo que somos amigos suyos, sino demostrándoselo con nuestro comportamiento. Pues lo mismo con Dios: no es necesario que nos pasemos todo el día pidiéndole a Dios que nos ayude, es suficiente con que vivamos todo el día viviendo como hijos de Dios, como sus siervos, como sus amigos, reconociéndole Señor de nuestras vidas. Y lo que tenemos que pedirle a Dios todos los días es que yo haga su voluntad, no que él haga la mía. Si Dios es nuestro amigo y nuestro Señor, es seguro que él quiere siempre lo mejor para nosotros; nosotros lo que tenemos que hacer es querer también que esa voluntad de Dios se cumpla en nosotros. Debemos quererlo con confianza y con amor, aunque muchas veces nos cueste entender que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros. Si vivimos todos los días como auténticos hijos de Dios, como sus amigos, debemos confiar en él, más que en nosotros mismos. Sí, como la viuda del evangelio, como el mismo Cristo en el Huerto de los Olivos, tenemos derecho a gritar a Dios que nos ayude, pero no olvidemos nunca de terminar nuestra oración diciendo: "hágase tu voluntad y no la mía". Es decir, pongamos siempre nuestra vida al servicio de Dios; eso es vivir en continua oración.
*Propósito*
Dedicar especial tiempo de mi día a la oración con la confianza que Dios me escucha si lo pido con fe y esperanza.
*Diálogo con Cristo*
Jesús, eres mi juez, pero también mi Padre y mi Salvador. Te suplico que esta oración me lleve a crecer en la fe, en la esperanza, en el amor y en la confianza, en mi vida diaria. Abre mi corazón para pueda perseverar en la oración, dame la humildad y la sabiduría para reconocer que sólo unido a Ti podré recorrer mi camino a la santidad.
Pbro. Cristian Hernan Andrade

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