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La abadesa de la agitación armada

lunes, 1 de junio de 2020

La abadesa de la agitación armada


Esperança Atarés, Abadesa de Sant Pere de les Puel.les

En el año 1967, Esperança Atarés Solans era una joven veinteañera, muy imbuida del espíritu del post-concilio, a la que nombraron presidenta de la rama femenina de la Juventud Obrera Católica (JOC) de Barcelona. Estuvo más de un año en el cargo, pero lo abandonó por una crisis de fe, que le llevó a militar en los Grupos Obreros Autónomos (GOA), un grupo que se había escindido de Comisiones Obreras, fundado por el cura secularizado José Antonio Díaz Valcárcel. Los GOA rechazaban la política de reconciliación nacional del PSUC y tenían como propósito fundamental la lucha contra el estado burgués y contra el capital. Ellos mismos declaraban que su batalla no se limitaba a acabar con el franquismo, sino atacar el capitalismo, en una mezcla de leninismo libertario, cuya consigna era que “la lucha obrera del proletariado contra la explotación obliga a los grupos revolucionarios de combate a realizar las acciones necesarias para alcanzar los objetivos revolucionarios”.

Los GOA tenían su brazo armado, el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), si bien ellos precisaban que no se dedicaban a la lucha armada, sino a “la agitación armada”. Fruto de esa agitación, se dedicaban a atracar bancos, con desigual fortuna, aunque en el año 1972 realizaron una treintena de robos a entidades financieras. Pero “la agitación armada” conlleva la posesión y utilización de armas, de tal suerte que era inevitable que algún día se escapase un tiro. Y del primer tiro dejaron ciego al contable del Banco Hispano Americano de Paseo Fabra y Puig 313. Era el 2 de marzo de 1973. El contable se llamaba Melquiades Flores y quedó invidente de por vida. Tenía 36 años.

Después de aquel tiro vino el segundo y este acabó con la vida del policía Francisco Jesús Anguas Barragán, de 24 años, cosido a balazos en la calle Gerona de Barcelona por Salvador Puig Antich, lo cual le valió la condena a muerte, siendo ejecutado a garrote vil el 2 de marzo de 1974. El MIL se había salido de madre, por cuya causa quedaron maltrechas las relaciones con los GOA, temerosos estos de verse involucrados en lo que ya era un grupo armado. Pero no a todos los miembros de los GOA sucedió igual. Al menos hubo una militante a la que afectó sobremanera la pena de muerte a Puig Antich. Era Esperança Atarés Solans, aquella ex presidente de la JOC barcelonesa. Le afectó tanto que recobró la fe y decidió ingresar en el convento de Sant Pere de les Puel.les y postular como benedictina.



Hoy, Esperança Atarés, es la madre abadesa del monasterio de la calle Anglí de Barcelona y sigue explicando a tirios y troyanos que su vocación debe agradecerse a Puig Antich. Les enlazo la entrevista que le efectuó el medio República TV. Para los que tengan la paciencia de ver el video y no escandalizarse observarán que, además de relatar una vez más la deuda con Puig Antich como precursor vocacional, llega a hablar de él como un mártir, como un luchador de la clase obrera, preguntándose como podía ser que se hubiese ejecutado a un joven idealista de 25 años. En los 27 minutos de entrevista, jamás se acuerda la abadesa de ese otro joven, policía, al que segaron la vida con 24 años. Tampoco de ese otro joven, contable de un banco, al que dejaron ciego con 36 años. Víctimas inexistentes. Tampoco esperen el repudio de la abadesa respecto a la lucha armada del MIL o a la connivencia entre ellos y su grupo de los GOA.

Cada vez que oigo de hablar de un religioso guerrillero me viene a la mente esa expresión tan española que a algo que no pega ni con cola se le dice que “te queda como a un Cristo dos pistolas”. Cierto es que Esperança Atarés no fue una monja con dos pistolas, porque cuando se hallaba en “la agitación armada” todavía no era profesa, pero jamás se ha arrepentido de ese pasado tan agitado, ni se ha acordado de las víctimas que cayeron. Al contrario, se jacta tanto de aquel pasado mortífero, que incluso lo eleva a la categoría iniciática de su vida religiosa.


De lo que no puede jactarse la agitada Esperança es del estado de su monasterio. Cuando entró en 1974 había 60 monjas. Hoy hay 21. 10 de ellas mayores de 90 años. La hermana más joven ha pasado la cincuentena. Ahora bien, eso no le preocupa a la abadesa, sabe que si no ella, su sucesora va a cerrar el convento. Ella misma lo ha dicho en declaraciones al diario Ara: “Otros monasterios se han acabado, no hemos de ser inmortales”; “no estoy obsesionada con las vocaciones”; “no se trata de tirar adelante porque sí”. Y acaba diciendo que no es buena política importar vocaciones extranjeras, ya que “ni ellas se adaptan, ni nosotras nos adaptamos a ellas”. Ignoro si entre esas “extranjeras” se incluyen a las del resto de España, habida cuenta que la abadesa afirma que todas sus monjas son independentistas y no en vano, la foto de las benedictinas en la calle Anglí, con pancartas a favor de los presos por la sentencia del 1-O dio la vuelta al mundo. Sostenella y no enmendalla de una vida fracasada, con agitación armada incluida y daños objetivos de los que no hay ni una miserable disculpa. Esta es la madre abadesa del milenario monasterio de Sant Pere de les Puel.les.

Oriolt

Publicado por Germinans Germinabit en 23:00