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"Precisiones acerca del debate sobre la crisis eclesial"

"Precisiones acerca del debate sobre la crisis eclesial" - Miles Christi - 01/10/2022.

Una pregunta tan perturbadora como ineludible: el ecumenismo, tal como se viene realizando desde el CVII, y cuyos actos emblemáticos son las reuniones interreligiosas de Asís, convocadas por los últimos tres papas, ¿es compatible con el Magisterio de la Iglesia y con la Revelación Divina?

Desearía responder a las acerbas críticas que he recibido a propósito del documento “Debate sobre la crisis eclesial” [1], que he difundido recientemente. Básicamente todas convergen en el espinoso tema del sedevacantismo. Puedo comprender sin dificultad que no se comparta mi postura, dado que yo mismo no la he sostenido durante la mayor parte de mi vida. Pero lo que me mueve a escribir estas líneas es el hecho de que todo se centró en este asunto, cuando no era, ni remotamente, el propósito de mi artículo. (Aclaro que no me refiero a GTV, sino a otros medios de comunicación.)

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Mi objetivo era exponer la naturaleza del ecumenismo conciliar, denunciándolo como lo que es, una manifestación inequívoca de la herejía modernista condenada por San Pío X, situada en las antípodas del catolicismo y, por tanto, incompatible con el Magisterio de la Iglesia y con la Revelación Divina.

El artículo en cuestión: Debate sobre la crisis eclesial

Quienes me conocen saben que yo nunca en mi vida he escrito un artículo específicamente sobre el sedevacantismo, haciendo su apología o intentando demostrarlo. Simplemente porque no me interesa. Lo que sí me interesa es que los católicos tomen conciencia de que, tanto la teorización conciliar del ecumenismo como su praxis son heterodoxas y deben ser rechazadas de cuajo. Y que tomen partido activamente en contra de lo que, de hecho, es equiparable a una apostasía formal del catolicismo, aunque no se la declare tal con todas las letras.

Va de suyo que, en lo personal, de este diagnóstico yo saco la conclusión de que los papas que promulgan, profesan, difunden y llevan a la práctica esta herejía no son católicos, ni pueden gozar de un auténtico poder de jurisdicción sobre los fieles, dado que, por promesa divina, el Vicario de Cristo no puede errar en materia de fe y moral, enseñar doctrinas contrarias al Evangelio ni, mucho menos, conducir a la Iglesia universal directamente hacia la apostasía. [2]

Pensemos en las reuniones de Asís o en el todavía reciente acuerdo de Abu Dabi [3], y veremos que precisamente de eso se trata, si bien aún no se ha explicitado lo que tales eventos suponen en materia de fe. Por mi parte, yo no hago más que presentar elementos para que cada cual analice la situación, se forme su propia opinión y llegue a sus propias conclusiones. Así, en mi documento sobre la crisis eclesial, no planteé el tema que se me recrimina, sino que lo saqué a colación al final, cuando, al ver que mis interlocutores argumentaban conmigo como si yo fuese un “lefebvrista”, decidí disipar el malentendido aclarando que mi postura era “sedevacantista”.

Luego, cuando se me tachó de hereje, me limité a responder de modo muy escueto el motivo por el cual pienso que eso es inexacto. No hubo ni una palabra más de mi parte al respecto. La razón es sencilla: yo no hago “proselitismo” sobre el tema, y evito sistemáticamente embarcarme en disputas estériles e interminables que solo sirven para alterar los ánimos y suscitar enemistades. Es algo que en el pasado he podido aprender dolorosamente, en carne propia, por lo cual me atengo firmemente a esa decisión tomada hace ya varios años.

Recapitulando: el único objeto de esa publicación era el de denunciar la incompatibilidad radical que existe entre el ecumenismo conciliar y el catolicismo. Ni más, ni menos. Si consigo que esa idea sea, si no aceptada inmediatamente, cuando menos, tomada en consideración, me daré por enteramente satisfecho, pues lo esencial para mí es contribuir a que los creyentes perseveren en la fe católica.

Después, si, habiendo comprendido este punto capital, alguien siguiera creyendo que los pastores que promueven la herejía modernista son católicos que gozan del poder de jurisdicción sobre los fieles, ese es otro asunto, ciertamente embarazoso para quien se halle en semejante postura, pero que cada cual deberá tratar de resolver de la mejor manera posible, en su alma y conciencia. Yo ahí no me meto, no prejuzgo, ni me interesa constituirme en guía ni en consejero de nadie. Simplemente porque no he sido enviado por la Iglesia para ello ni tampoco he recibido misión profética de lo Alto encomendándome esa tarea.

Repito que mi única motivación es la de perseverar en la fe católica en esta época de apostasía y ayudar, en la medida de mis muy limitadas posibilidades, a que los católicos no se dejen engañar por esta doctrina envenenada. Yo me circunscribo a presentar los aberrantes hechos ecuménicos e interreligiosos llevados adelante por el Vaticano desde el CVII y a intentar demostrar su naturaleza herética y la necesidad apremiante de oponerse a esta empresa destructora, con la única finalidad de defender la fe de la Iglesia contra sus enemigos. Así de simple. Es un objetivo bien definido, preciso y acotado, pero que considero prioritario en esta hora de confusión generalizada en el ámbito espiritual.

Lo que me decepciona sobremanera de este episodio -que evoco acá tan solo a modo de ejemplo, ya que se trata de una actitud a la que me veo confrontado con cierta frecuencia-, es que nadie me ha escrito para hablar de este aspecto principal del documento, que es el único que abordo de manera explícita en el mismo, de principio a fin. Reitero que no es sino de modo incidental, y al final del texto, que hice mención de mi postura sedevacantista.

No obstante, lamentablemente, es solamente en relación a esta cuestión marginal que me han llovido las críticas, algunas de una dureza y falta de matices consternante. Me parece que estamos ante el típico caso del árbol que no deja ver el bosque. Y que en la circunstancia se verifica lo que reza el proverbio chino atribuido a Confucio -que ruego se interprete de modo análogo, pues no reivindico sabiduría alguna-: “cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo”…

ANEXO

Seguidamente transcribo las notas al pie de página del artículo -precedidas de los tres pasajes que ellas ilustran-, sin añadir comentarios, pues considero que son de suma utilidad para comenzar a comprender la impostura del “magisterio” conciliar:

1.
No puedo evitar interrogarme: ¿Le parece que el hecho de haber convocado a todas las falsas religiones del orbe -heréticas, cismáticas e idólatras- a que pusieran en práctica sus falsos cultos con vistas a obtener la “paz en el mundo”, merece solamente el calificativo de “claroscuro”? Porque se trata, ni más ni menos, que de la antítesis de la enseñanza de la encíclica Mortalium Animos, de Pío XI. ¿No sería más adecuado considerar semejante hecho como una falta flagrante contra el primer mandamiento? ¿Es acaso infundado teológicamente tachar dichas manifestaciones interreligiosas -Asís I a V- de impías y blasfematorias? ¿La promoción pública y oficial de dichos “cultos”, por parte de la autoridad eclesiástica, confirmando de este modo implícitamente a sus pobres adeptos en el error, no equivale a un acto inequívoco de apostasía? ¿Cuál habría sido ante ellos la reacción de un San Pablo, por ejemplo?

Notas:

He aquí lo que enseñaba al respecto Pío XI en su encíclica Mortalium Animos del año 1928:


“[…] invitan a todos los hombres indistintamente, a los infieles de todo género como a los fieles de Cristo […] Tales empresas no pueden ser aprobadas por los católicos de ninguna manera, ya que se basan sobre la teoría errónea según la cual todas las religiones son todas más o menos buenas, en el sentido de que todas, aunque de maneras diferentes, manifiestan y significan el sentimiento natural e innato que nos conduce a Dios y nos lleva a reconocer con respeto su poder. La verdad es que los partidarios de esa teoría se extravían en pleno error, pero además, pervirtiendo la noción de la verdadera religión, la repudian […] La conclusión es clara: solidarizarse con los partidarios y los propagadores de tales doctrinas es alejarse completamente de la religión divinamente revelada § 2 y 3. [4]

A modo de ejemplo, cito a Bergoglio con ocasión de la Jornada Mundial de Oración por la Paz celebrada en Asís el 20 de septiembre de 2016, para ilustrar esta actitud de naturalismo e indiferentismo religioso radical que se ha instalado en la Iglesia desde el CVII:

“Nuestras tradiciones religiosas son diversas. Pero la diferencia no es para nosotros motivo de conflicto, de polémica o de frío desapego. Hoy no hemos orado los unos contra los otros, como, por desgracia, ha sucedido algunas veces en la historia. […] San Juan Pablo II dijo en este mismo lugar: ‘‘Acaso más que nunca en la historia ha sido puesto en evidencia ante todos el vínculo intrínseco que existe entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz’’ […] Aquí, nosotros, unidos y en paz, creemos y esperamos en un mundo fraterno. Deseamos que los hombres y las mujeres de religiones diferentes, allá donde se encuentren, se reúnan y susciten concordia […] Que los creyentes (!!!) sean artesanos de paz invocando a Dios y trabajando por los hombres. Y nosotros, como responsables religiosos, estamos llamados a ser sólidos puentes de diálogo, mediadores creativos de paz.” [5]

Y también una cita de JPII, entre muchísimas otras que podría brindar:

“[…] hay que aplicar lo que se ha dicho [sobre el ecumenismo] a la actividad que tiende al acercamiento con los representantes de las religiones no cristianas, y que se expresa a través del diálogo, los contactos, la oración comunitaria, la búsqueda de los tesoros de la espiritualidad humana que -como bien sabemos- no faltan tampoco a los miembros de estas religiones. ¿No sucede quizá a veces que la creencia firme de los seguidores de las religiones no cristianas, -creencia que es efecto también del Espíritu de verdad, que actúa más allá de los confines visibles del Cuerpo Místico- haga quedar confundidos a los cristianos […], tan propensos al relajamiento de los principios de la moral y a abrir el camino al permisivismo ético?” Redemptor Hominis n. 6.

El “ecumenismo” y la “interreligiosidad” conciliares se oponen diametralmente tanto a la doctrina como a la práctica constante de la Iglesia hasta Vaticano II. No ver en esto una ruptura doctrinal insalvable y pretender aplicar aquí una imposible “hermenéutica de la continuidad” -al estilo ratzingeriano-, se aparenta a una forma de ceguera espiritual.

2.
La situación es entonces la siguiente: desde el CVII el Vaticano promueve el “ecumenismo” y la “interreligiosidad” como fundamento no para la conversión de los infieles, ni para el retorno de los herejes y cismáticos a la única verdadera Iglesia de Cristo, que es la católica -lo que ya no tiene curso desde el subsistit in de Lumen Gentium, que niega implícitamente la identidad entre “Iglesia Católica” e “Iglesia de Cristo”-, sino para fomentar la “fraternidad humana” y conseguir la “paz mundial”.

Notas:

“Esta Iglesia [de Cristo], establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien, fuera de su estructura, se encuentran muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica.” Lumen Gentium n. 8. [6]

Esto fue ratificado por la declaración Dominus Iesus:

“Con la expresión subsitit in el Concilio Vaticano II quiere armonizar dos afirmaciones doctrinales: por un lado, que la Iglesia de Cristo, no obstante las divisiones entre los cristianos, sigue existiendo plenamente sólo en la Iglesia católica, y, por otro lado, que fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad, ya sea en las Iglesias como en las Comunidades eclesiales separadas de la Iglesia católica […] Las Iglesias (como si no hubiera una sola Iglesia fundada por Cristo, a saber, la Iglesia Católica) que no están en perfecta comunión (como si existiera una “comunión imperfecta”, noción completamente contradictoria) con la Iglesia católica pero se mantienen unidas a ella por medio de vínculos estrechísimos como la sucesión apostólica y la Eucaristía válidamente consagrada, son verdaderas iglesias particulares (esto es absolutamente novedoso y, huelga decirlo, totalmente falso: son sectas heréticas y cismáticas). Por eso, también en estas Iglesias está presente y operante la Iglesia de Cristo […].” Dominus Iesus n. 16/17. [7]

El cardenal Ratzinger lo explicó muy bien en una conferencia del año 2000:

“Ahora bien, por lo que atañe a la eclesiología de la Lumen gentium, han quedado ante todo en la conciencia de la gente algunas palabras clave: la idea de pueblo de Dios, la colegialidad de los obispos como revalorización del ministerio episcopal frente al primado del Papa, la revalorización de las Iglesias locales frente a la Iglesia universal, la apertura ecuménica del concepto de Iglesia y la apertura a las demás religiones; y, por último, la cuestión del estado específico de la Iglesia católica, que se expresa en la fórmula según la cual la Iglesia una, santa, católica y apostólica, de la que habla el Credo, subsistit in Ecclesia catholica. […] Al llegar a este punto, resulta necesario analizar un poco más a fondo el sentido de la palabra subsistit. Con esta expresión el Concilio se aparta de la fórmula de Pío XII que, en su encíclica Mystici corporis Christi, había dicho: la Iglesia católica es (est) el único cuerpo de Cristo. En la diferencia entre subsistit y est subyace todo el problema ecuménico. […] la diferencia entre subsistit y est encierra el drama de la división eclesial. Aunque la Iglesia sólo sea una y subsista en un único sujeto, también fuera de este sujeto existen realidades eclesiales, verdaderas Iglesias locales y diversas comunidades eclesiales. Dado que el pecado es una contradicción, en definitiva esta diferencia entre subsistit y est no puede resolverse plenamente desde el punto de vista lógico. (Esto es dialéctica gnóstica hegeliana en estado puro).” [8]

3. Estimado Señor: No se trata de que no pueda haber nada bueno en el CVII. Pero ese razonamiento también podría aplicarse, por ejemplo, a Lutero o a Calvino, cuando repiten verdades de la fe católica. El problema con el CVII es que oficializa el modernismo en la Iglesia: falso ecumenismo, falso “diálogo religioso”, falsa libertad religiosa, falsa eclesiología, con la “Iglesia de Cristo” distinguida implícitamente de la Iglesia Católica -el “subsistit in” de Lumen Gentium sobre el que se funda el falso ecumenismo conciliar-, falsa salvación universal (cf. Gaudium et Spes 22: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”), ampliamente desarrollada por Juan Pablo II.

Notas:

I.
“Cristo Señor ha indicado estos caminos sobre todo cuando -como enseña el Concilio- mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre. […] Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre -todo hombre sin excepción alguna- ha sido redimido por Cristo, porque con el hombre -cada hombre sin excepción alguna- se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello”. JPII, Redemptor Hominis n. 13/14. [9]

II. “[…] debemos […] manifestar al mundo nuestra unidad […] en la revelación de la dimensión divina y humana […] de la Redención, en la lucha con perseverancia incansable en favor de esta dignidad que todo hombre ha alcanzado, […] que es la dignidad de la gracia de adopción divina.” Idem, n. 11.

III. “Nace el Redentor del hombre. Con Él nace la humanidad nueva. Y con Él nace la Iglesia […] A la Iglesia, por su misión primordial, nacida con Cristo nacido, y recibida de Él con mandato solemne, incumbe defender la dignidad del hombre: de cada hombre -como he escrito en mi primera Encíclica-. Porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este misterio.” JPII, discurso a la curia romana, 22-12-1979, n. 3. [10]

IV. “Cristo […] nos conoce con el conocimiento y con la ciencia más interior, con el mismo conocimiento con que Él, Hijo, conoce y abraza al Padre y, en el Padre, abraza la verdad infinita y el amor. Y, mediante la participación en esta verdad y en este amor, Él hace nuevamente de nosotros, en Sí mismo, los hijos de su Eterno Padre; obtiene, de una vez para siempre, la salvación del hombre: de cada uno de los hombres y de todos, de aquellos que nadie arrebatará de su mano... En efecto, ¿quién podría arrebatarlos?” JPII, homilía del 27-04-1980, n. 5. [11]

V. “[…] como el Concilio Vaticano II recuerda, [el hombre] es la única criatura que Dios ha querido por sí misma y sobre la cual tiene su proyecto, es decir, la participación en la salvación eterna. No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio.” JPII, Centesimus Annus n. 5. [12]

VI. “En el hecho de la Redención está la salvación de todos, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio.” JPII, Redemptoris Missio n. 4. [13]

VII. “Este rayo de la noche de Navidad […] es la chispa de luz más profunda de la humanidad a quien Dios ha visitado, esta humanidad acogida de nuevo y asumida por Dios mismo […] La naturaleza humana asumida místicamente por el Hijo de Dios en cada uno de nosotros, que hemos sido adoptados en la nueva unión con el Padre. La irradiación de este misterio se expande lejos, muy lejos; alcanza también aquellas partes o esferas de la existencia de los hombres en las que todo pensamiento acerca de Dios […] parece estar ausente.” JPII, audiencia general, 27-12-1978, n. 1.

VIII. “La Eucaristía: el Sacramento de la Alianza del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de la Alianza que es eterna. Esta es la Alianza que abarca a todos. Esta Sangre llega a todos y salva a todos.” JPII, homilía, n. 7, 06-06-1985. [15]

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[1] “Debate sobre la crisis eclesial”: Debate sobre la crisis eclesial

[2] Nuestro Señor rezó por la fe de San Pedro y le atribuyó la misión de confirmar la de sus hermanos: “Simón, Simón, he aquí Satanás que os busca para zarandearos como a trigo. Pero Yo he rogado por tí para que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos” (Lc. 22, 31-32). Pío IX cita estas palabras de Nuestro Señor en la Constitución Dogmática Pastor Aeternus: «Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: ‘‘Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, cuando hayas regresado, fortalece a tus hermanos’’. Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno.» Constitución dogmática «Pastor aeternus» - Pastor Aeternus, capítulo 4, “Sobre el magisterio infalible del Romano Pontífice”.

[3] Ver al respecto: 1. “El Vaticano promueve la apostasía y una religión global”: El Vaticano promueve la apostasía y una religión global - 2. “Bergoglio pide religiosidad auténtica en congreso interreligioso”: BERGOGLIO PIDE “RELIGIOSIDAD AUTÉNTICA” EN CONGRESO INTERRELIGIOSO. Palabras de Bergoglio en ese congreso: “Hermanos y hermanas, el mundo espera de nosotros el ejemplo de almas despiertas y de mentes claras, espera una religiosidad auténtica (…) Deseo saludarlos (…) en nombre de esa fraternidad que nos une a todos, como hijos e hijas del mismo cielo (…) Las religiones no deben ser indiferentes a esto; están llamadas a ir al frente, a ser promotoras de unidad ante las pruebas que amenazan con dividir aún más la familia humana (…) Nos corresponde a nosotros, que creemos en la Divinidad, ayudar a los hermanos y las hermanas de nuestra época a no olvidar la vulnerabilidad que nos caracteriza (…) Esto nos lleva al segundo desafío global que interpela de modo particular a los creyentes: el desafío de la paz (…) El Altísimo ha dispuesto con cuidado amoroso una casa común para la vida. Y nosotros, que nos profesamos suyos, ¿cómo podemos permitir que se contamine, se maltrate y se destruya? (…) Queridos hermanos y hermanas, sigamos adelante juntos, para que el camino de las religiones sea cada vez más amistoso.” - 3. “La fraternidad es ancla de salvación para la humanidad”: Bergoglio: "La fraternidad es ancla de salvación para la humanidad". Cito a Bergoglio: “En estos años hemos caminado como hermanos conscientes de que, respetando nuestra respectivas culturas y tradiciones, estamos llamados a construir la fraternidad (…) Como creyentes, pertenecientes a distintas tradiciones religiosas, tenemos un papel que cumplir. ¿Cuál sería? Ayudar a nuestros hermanos y hermanas a elevar su mirada y su oración al Cielo (…) hoy es el tiempo oportuno para caminar juntos, los creyentes y todas las personas de buena voluntad, juntos (…) El camino de la fraternidad es largo, difícil, pero es ancla de salvación para la humanidad.” - 4. “Del ecumenismo a la apostasía silenciosa”: Del ecumenismo a la apostasía silenciosa - Este documento forma parte de la siguiente publicación: …

[4] Mortalium Animos

[5] El Papa en la Jornada Mundial de Oración por la Paz

[6] Lumen gentium

[7] Declaración Dominus Iesus

[8] Eclesiología de la Lumen gentium, conferencia Ratzinger, febrero 2000

[9] Redemptor hominis (4 de marzo de 1979) | Juan Pablo II

[10] A los cardenales y prelados de la Curia romana con motivo de las fiestas navideñas (22 de diciembre de 1979) | Juan Pablo II

[11] 27 de abril de 1980, Visita pastoral a la parroquia romana de Santa María «in Trastevere» | Juan Pablo II

[12] Centesimus Annus (1 de mayo de 1991) | Juan Pablo II

[13] Redemptoris Missio (7 de diciembre de 1990) | Juan Pablo II

[14] 27 de diciembre de 1978, La Navidad del Señor | Juan Pablo II

[15] 6 de junio de 1985, Liturgia eucarística en la Plaza de San Juan de Letrán en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo | Juan Pablo II
Miles - Christi
isabeltd
Que lástima, ser católico y no creer en la autoridad de un Concilio y no estar unido al sucesor de Pedro, eso no es bueno. Te rezo especialmente. Tal vez no tengo tu estudios, ni tus conocimiento, pero debe ser triste vivir en conflictos con la IGLESIA CATÓLICA (la del Papa Francisco). Te mando mis bendiciones, desde mi mayor ignorancia.
Miles - Christi
La agradezco sus oraciones y sus buenas intenciones. Que Dios la bendiga. 😇
carlos roberto maraveles perez
excelente articulo !!! yo lo calificaría de "sedevacantismo mitigado", yo mismo he sido sedevacantista toda mi vida. Definitivamente no es una herejía, sino una tesis, eso si muy seria y tremenda en sus consecuencias. Ojala tu articulo no se pierda en el desierto de la ausencia de opinión y mas de alguno de "cuelgue" a un debate constructivo.
Miles - Christi
Estimado Carlos: Le agradezco mucho su comentario. Un cordial saludo en Cristo y María.
carlos roberto maraveles perez
Bendiciones y saludos.