El 17 de mayo de 1925, el papa Pío XI reconocía oficialmente y en nombre de la Iglesia la santidad de Teresa de Lisieux y la colocaba en los altares. En la homilía pronunciada en la solemne misa de canonización, no vaciló en declarar de una manera explícita que además de sus méritos de santidad, Teresa podía ser considerada como la iniciadora de una nueva escuela de espiritualidad.
Hablando de esta doctrina, el papa pensaba en el caminito de infancia espiritual, ya evocado en el Breve de Beatificación de 29 de abril de 1923.
En él Pío XI había reconocido que «por orden de sus superioras, Teresa había escrito, para edificación y salvación de un gran número, la Historia de su alma, con el fin de mostrar el camino que lleva a la plenitud del Amor.
Hasta ahora, muchos autores se han esforzado en extraer las grandes líneas y los principales temas de la espiritualidad teresiana tanto a la luz de la teología espiritual como a la de la crítica histórica. Un nuevo trabajo sobre este tema sería probablemente una repetición por partida doble de la abundante literatura ya aparecida sobre Teresa de Lisieux. El objetivo de nuestro trabajo apuntará más particularmente a la acción pastoral de Teresa, que no se contenta con enseñar el camino de infancia sino que trata de hacer que lo perciban mejor, para suscitar en el corazón de sus novicias las disposiciones que permitan recibirla con el mayor fruto. (De la introducción)
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