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Irapuato

San Julio I: La firmeza en la verdad de la fe
Un Papa en tiempos de controversia San Julio I fue Papa en el siglo IV. Su pontificado estuvo marcado por una de las grandes crisis doctrinales de la Iglesia: el arrianismo. Esta herejía negaba la plena divinidad de Cristo.
San Julio I, papa - fecha: 12 de abril
†: 352 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Mathieu-Rosay: Los Papas
Elogio:
En Roma, en el cementerio de Calepodio, en el tercer miliario de la vía Aurelia, sepultura del papa san Julio I, quien, frente a los ataques de los arrianos, custodió valientemente la fe del Concilio de Nicea, defendió a san Atanasio, perseguido y exiliado, y reunió el Concilio de Sárdica.
refieren a este santo: San Atanasio de Alejandría
Julio fue elegido el 6 de febrero del 337, después del pontificado de san Marcos, que muere el 7 de octubre del 336. ¿Por qué necesitaron los romanos cerca de cuatro meses para dar un sucesor a Marcos? No se sabe, pero tan lenta elección produjo un buen resultado: Julio I dejaría en la historia del Papado una huella bastante más profunda que la de sus dos predecesores. Fue el primer obispo de Roma a quien se atribuyó el título de Papa, hecho enteramente ocasional que se originó en unas cartas llegadas de Oriente, donde ese tratamiento se daba de ordinario a los sacerdotes, obispos y patriarcas. Aunque era algo inusitado en Occidente, el título de Papa se impondría progresivamente a partir de Julio I y terminaría por quedar reservado en exclusiva al obispo de Roma desde el pontificado de san Siricio en el año 384.
Julio tuvo conciencia de sus prerrogativas y las ejercitó. Le correspondía a él juzgar a los clérigos y prohibió, por tanto, que llevaran sus causas ante tribunales civiles. Por contra, los eclesiásticos tenían derecho de apelar al Papa, por encima de los sínodos provinciales, en cuestiones importantes.
El conflicto suscitado por los arrianos proporcionará una magnífica ocasión al obispo de Alejandría, Atanasio, para hacer uso de ese derecho de apelación. En el año 339 este implacable adversario de los seguidores de Arrio había sido depuesto. Fue a Roma a presentar su protesta y reclamar justicia. Julio convocó un sínodo que rehabilitó a Atanasio y condenó a sus acusadores. Pero éstos volvieron a la carga con tal vehemencia que el Papa juzgó oportuno examinar nuevamente la causa y permitió que otro sínodo, reunido en Sárdica, se ocupara de ello. Esta asamblea confirmó la condena anterior. Sin embargo, Atanasio no pudo volver a su sede de Alejandría, ocupada por el arriano Gregorio de Capadocia, hasta tres años después. Todo ese tiempo estuvo exiliado en el sur de la Galia y, al cabo, regresó a su diócesis pasando por Roma, donde el Papa Julio le entregó una carta de recomendación para las provincias de Oriente.
El interés de todo este episodio radica en los argumentos que se utilizaron para apoyar las prerrogativas del primado de Roma, poco antes del sínodo de Sárdica, en el intercambio de escritos que hubo entre Julio I y las jerarquías de Oriente:
«Aun admitiendo y expresando su respeto por el papel preeminente de la sede romana, los obispos orientales niegan a la Iglesia de Roma el derecho de darles órdenes. La importancia de una Iglesia no se mide por la dimensión de la ciudad en que se encuentre. ¿Por qué ha de inmiscuirse el Occidente en las cuestiones privativas de las diócesis de Oriente? Antiguamente, el Oriente aceptó sin discutir las sentencias de Occidente sobre los problemas planteados por Novaciano y Pablo de Samosata. De ahora en adelante será distinto. Y empeñarse en lo contrario supondría la ruptura.»
El obispo de Roma insistió con firmeza:
«¿No sabéis que la costumbre manda contar con nosotros, en primer lugar, para que la justicia se administre desde aquí?»
Estos dos párrafos son interesantes porque revelan la concepción que ambas partes tenían acerca de los derechos del obispo de Roma. El Oriente se imagina que el Papa fundamenta su potestad en el prestigio de la ciudad en que tenía su sede. Y el pontífice, por su parte, no apela a su condición de sucesor de san Pedro -que será luego el argumento decisivo- sino, simplemente, a la costumbre.
Después de las tensiones originadas por este enfrentamiento, las aguas volvieron a su cauce... en apariencia. El Papa murió el 12 de abril del 352 sin poder imaginar que el conflicto en torno a Atanasio se recrudecería con mayor violencia en los años siguientes, bajo su sucesor, Liberio (el primer papa que no será reconocido como «santo» por la tradición posterior).
De «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pp 64. Las dos cartas de Julio I que conocemos, la primera de ellas muy elogiada por la crítica como modelo de escrito pastoral, están transcriptas en la obra de Atanasio «Apología contra arrianos»; los apolinaristas hicieron circular otras cartas que atribuyeron fraudulentamente a san Julio I. Ver Di Berardino, Patrología, BAC, III, 1981, pág. 707.
fuente: Mathieu-Rosay: Los Papas
CIVIC-ODM

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Irapuato

Santa Visia, virgen y mártir
En Fermo, en el Piceno, santa Visia, virgen y mártir. († s. inc.)
San Julio I, papa
En Roma, en el cementerio de Calepodio, en el tercer miliario de la vía Aurelia, sepultura del papa san Julio I, quien, frente a los ataques de los arrianos, custodió valientemente la fe del Concilio de Nicea, defendió a san Atanasio, perseguido y exiliado, y reunió el Concilio de Sárdica. († 352)
San Zenón de Verona, obispo
En Verona, en el territorio de Venecia, san Zenón, obispo, que con su trabajo y predicación condujo a la ciudad al bautismo de Cristo. († c. 372)
San Sabas Godo, mártir
En Capadocia, san Sabas Godo, mártir, que durante la persecución contra los cristianos bajo Atanarico, rey de los godos, por haber rechazado tres días después de la celebración de la Pascua los alimentos inmolados a los ídolos, fue arrojado a un río tras crueles tormentos. († 372)
San Constantino de Gap, obispo
Cerca de Gap, en la provincia romana de la Galia, san Constantino, obispo. († d. 517)
San Damiano de Pavía, obispo
En Pavía, ciudad de Lombardía, san Damián, obispo, cuya carta sobre la recta fe, referente a la voluntad y al obrar de Cristo, fue leída en el III Concilio de Constantinopla. († d. 698)
* San Basilio de Pario, obispo y confesor
En Pario, en el Helesponto, san Basilio, obispo, que, por defender el culto de las sagradas imágenes, padeció azotes, cadenas y exilio. († 735)
* San Erkembodone, abad y obispo
En la región de Calais, en la Galia, san Erkembodone, abad de Sithiu y, a la vez, obispo de Thérouanne. († 742)
* San Alferio de La Cava, abad y fundador
En el monasterio de Cava dei Tirreni, en la región de Campania, san Alferio, fundador y primer abad, que, después de ser consejero de Guaimario, duque de Salerno, se hizo discípulo de san Odilón en Cluny y se distinguió de forma excelente en la observancia de la vida monástica. († 1050)
Beato Lorenzo, monje y presbítero
En el monasterio de Belem, cerca de Lisboa, en Portugal, beato Lorenzo, presbítero de la Orden de San Jerónimo, cuya eximia piedad atrajo a muchísimos penitentes a este cenobio. († s. XIV)
Santa Teresa de Jesús Fernández Solar, virgen
En la ciudad de Los Andes, en Chile, santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar, virgen, que, siendo novicia en la Orden de Carmelitas Descalzas, consagró, como ella misma decía, su vida a Dios por el mundo pecador, muriendo de tifus a los veinte años de edad. († 1920)
San José Moscati, laico
En Nápoles, en Italia, san José Moscati, médico, entregado total e incansablemente a la cotidiana asistencia a los enfermos, sin reclamar a los pobres paga alguna, y que atendiendo a los cuerpos, curaba, a la vez, las almas con gran amor. († 1927)
San David Uribe Velasco, presbítero y mártir
En la aldea de San José, del territorio Chilpancingo, en México, san David Uribe Velasco, presbítero y mártir, que en tiempo de persecución contra la Iglesia padeció el martirio por confesar a Cristo Rey. († 1927)
Beatos Pedro Roca Toscas y Pedro Ruiz Ortega, religiosos mártires
En Sant Fruitós de Bages, Barcelona, España, beatos Pedro Roca Toscas y Pedro Ruiz Ortega, religiosos de la Congregación de la Sagrada Familia y mártires en la cruel persecución que acompañó a la Guerra Civil española. († 1937)
Beato Philippe-Maurice Bouchard, mártir
En un «tren de la muerte», en Nyraný (Nürschan), Plzen-sever (Chequia), beato Philippe-Maurice Bouchard, laico de la diócesis de Dijon, miembro de Scouts de France, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)
Beato Paul Le Ber (Roger), religioso y mártir
En el campo de concentración de Gusen, Langenstein (Austria), beato Paul Le Ber (Roger), clérigo profeso, Hermanos Menores Franciscanos, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)