Clicks21
jamacor

Viganò continúa vertiendo acusaciones contra el Papa

Viganò continúa vertiendo acusaciones contra el Papa

Por INFOVATICANA | 27 noviembre, 2019
Queridísimos Stilumcuriales, el arzobispo Carlo Maria Viganò ha escrito un texto en el que explica por qué ha decidido dar su adhesión, firmándolo, al documento preparado por cien estudiosos, teólogos y sacerdotes para protestar contra los recientes sacrilegios llevados a cabo durante el Sínodo para la Amazonia. Es un texto firme y sincero, como el carácter de quien lo escribe. Buena lectura.

(Stilum Curiae)- Durante veinte siglos, la Iglesia católica ha profesado la fe en Jesucristo, único Salvador, que ha llegado intacta hasta nosotros como la recibieron los Apóstoles y los Padres de la Iglesia, pagada con su sangre por los mártires, testimoniada por los confesores de la fe, los innumerables santos de todos los pueblos y lenguas, transmitida de padres a hijos, por los sacerdotes y religiosos, difundida por ardientes misioneros en todos los continentes de la tierra, bajo la guía de los sucesores del apóstol Pedro, que han garantizado la unidad de la Esposa de Cristo, confirmando a los hermanos en la fe.

Desde hace ya siete años, el sucesor del Príncipe de los Apóstoles, al que se le ha confiado el mandato de Cristo conferido a Pedro después de su profesión de fe – «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16, 16) – ha abdicado de su ministerio de confirmar a los hermanos en la fe. El papa Francisco nunca ha confirmado a nadie. Reconocemos con dolor cuán divisorio y destructivo ha sido su ministerio.

Con la Declaración de Abu Dhabi, por él firmada, en la que ha declarado que «el pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina», y con las continuas y desviadas condenas al denominado «proselitismo», Francisco no sólo ha dañado cualquier impulso misionero, sino que de hecho ha renegado del mandato que Cristo confirió a todos los apóstoles: «Id, pues, y hace discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28, 18-20).

La estrategia del actual pontífice está camuflada con el engaño y la mentira, y cubierta por el silencio cuando se descubren sus intentos desviadores que generan gran desconcierto entre los fieles y, en cambio, son astutamente elogiados por los enemigos de la Iglesia.

También el Sínodo para la Amazonia forma parte de un plan oculto mucho más amplio, que no es más que un elemento, aunque perturbador, de un proyecto aún más vasto, elaborado bajo la égida de las Naciones Unidas y apoyado por los grandes poderes financieros y masónicos. ¿Cómo se explica si no que el ídolo pachamama esté ya presente, por iniciativa de la ONU, en textos ideados para el adoctrinamiento ideológico de los niños?

Se apoya la falsa ciencia, fundada sobre un supuesto catastrófico calentamiento de la tierra, cuyo principal responsable sería el hombre, y la ecología integral, que pone al centro de la creación no al hombre creado a imagen y semejanza de Dios y llamado a compartir la vida divina en una eternidad beata con su Creador, sino la «divinidad» de la Madre Tierra, la pachamama, de la que surge el hombre y a la que debe volver. Por tanto, también Dios querría la idolatría, y el papa Francisco la celebra ante el mundo, profanando el lugar más sagrado de la Roma cristiana, la basílica construida sobre el sepulcro del apóstol Pedro.

Durante el último Sínodo, con la celebración inaugural que tuvo lugar en los Jardines Vaticanos y la aparición de la pachamama en San Pedro y en la iglesia de Santa María in Traspontina, se consumó un acto sacrílego. El culto del Dios verdadero y vivo, revelado y manifestado en Jesucristo, que la Iglesia católica adora y profesa, ha sido contaminado por elementos claramente idólatras y sincretistas.

La idolatría, o una simulación de la misma, representa el atentado más grave perpetrado contra la Divina Majestad. Los mártires derramaron su sangre y pagaron con el don supremo de la vida su resistencia a la idolatría. Esos mismos mártires que empaparon y consagraron la tierra de la antigua Roma pagana, han visto su gloriosa memoria profanada por las celebraciones de la pachamama.

Las Escrituras del Primer Testamento nos enseñan que la idolatría es impudicia y prostitución, profanación de la Alianza nupcial que Dios contrajo con su pueblo.

San Pablo, por su parte, reprende a los primeros cristianos de Corintio: «¿… que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios; y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios… ¿O vamos a provocar los celos del Señor? ¿Acaso somos más fuertes que él?» (1 Cor 10, 19-22)

La Iglesia católica, en lugar de velar y denunciar las amenazas que la persiguen y que oscurecen el horizonte de toda la familia humana, se presta a ser caja de resonancia de una ideología utópica y anticrística, mostrando un sometimiento terrible a los poderes fuertes que dominan la escena mundial, activos en la promoción de amplios procesos cuyo fin es la instauración de un Gobierno Mundial.

Ante semejante escenario, en el que la supervivencia de la misma Iglesia católica está amenazada, ante tantas y tales acciones reprobables y declaraciones del sumo pontífice, cien estudiosos han redactado una Declaración en la que se pide «respetuosamente al papa Francisco que se arrepienta públicamente y sin ambigüedad de estos ultrajes, y que ofrezca reparación por los mismos». He considerado que era obligatorio unirme a su voz. Asimismo, todos los obispos y purpurados de la Iglesia católica deberían sentirse en la obligación de «dirigir una corrección fraterna al papa Francisco por estos escándalos».

«Oh Dios, que en la gracia de la adoración nos has llamado a convertirnos en hijos de la luz, que ya no nos envuelva la oscuridad del error; deja que permanezcamos siempre en tu verdad, para iluminar la noche del mundo». (De la Liturgia ambrosiana de hace unos días)

¡Ven, Señor Jesús! ¡Manifiesta en tu Iglesia y en el mundo tu soberana realeza! No rechaces la imploración de tu Esposa y no decepciones su espera. Y cuando no nos concedas lo que te pedimos, haz que lo esperemos con fiel perseverancia y amor penitente.

+ Carlo Maria Viganò

Arciv. tit di Ulpiana

Nuncio Apostólico

Publicado por Marco Tosatti en su blog Stilum Curiae.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.