El Espíritu de Judas: Cómo las Civilizaciones se Destruyen desde Dentro
Hay un misterio terrible que atraviesa toda la historia y lo leemos en las Escrituras: El Bien no suele ser herido primero por enemigos lejanos, sino por manos cercanas.
No fue un filisteo quien cortó el cabello de Sansón. Fue Dalila.
No fue Roma quien traicionó a Cristo. Fue Judas Iscariote.
La traición bíblica casi siempre entra por la puerta de la familiaridad.
Y por eso la Iglesia siempre vio con horror no sólo la violencia abierta, sino la corrupción interior que convierte al servidor en enemigo de aquello mismo que lo sostiene.
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La Escritura no presenta la traición simplemente como una falta política o económica. La presenta como un pecado espiritual.
Salmos 41:9
Aquel con quien vivía yo en dulce paz, de quien yo me fiaba, y que comía de mi pan, ha urdido una gran traición contra mí.
Aquí aparece el principio eterno de Judas:
• recibir el pan,
• compartir la mesa,
• vivir del otro,
• y después levantar traicion contra él.
La traición …