Ramón Roal

El Gobierno profana el Valle de los Caídos mientras Sánchez posa con León XIV

El 8 de junio de 2026, mientras Pedro Sánchez recibía al Papa León XIV en la Nunciatura Apostólica de Madrid y le obsequiaba un bonsái de olivo «como símbolo de paz», las primeras máquinas perforadoras accedían a la explanada del Valle de los Caídos para iniciar los sondeos geotécnicos previos a la demolición ideológica del conjunto monumental. El Gobierno lo había calculado desde abril: la visita apostólica proporcionó la cobertura mediática perfecta para que el primer golpe material pasara inadvertido.

El proyecto ganador del concurso gubernamental, denominado *La base y la cruz*, contempla abrir una gran grieta que atravesaría de lado a lado la explanada frente a la basílica pontificia, destruyendo su simetría original, y construir un museo subterráneo de memoria histórica de más de 3.500 metros cuadrados. Dieciséis sondeos en el suelo de granito determinarán la viabilidad de esa grieta. No son obras menores ni reversibles: es el inicio material de la transformación irreversible de un lugar sagrado donde reposan miles de caídos en la Fe de Cristo.

Ante tan grave profanación, la Conferencia Episcopal Española guarda un silencio que resulta tan elocuente como el abrazo fotogénico entre Sánchez y el Papa. La Iglesia postconciliar negocia con el poder en lugar de resistirle, y el Estado destruye la memoria cristiana mientras invoca la paz. Los que aún guardan la Fe de sus mayores lo saben: *Ubi Deus non colitur, ibi pax vera non est.*

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Nour N

Está todo pactado entre ambos, despertemos!